Pensamientos matutinos

O más que matutinos, de amanecida. Estaba yo pensando, mientras subía en el autobús a casa, que aquí hay que cambiar cosas. Otro listado con explicaciones "made in Brus".
Habrá sido todo ese tiempo que estuve recorriendo media ciudad para ahorrarme el euro y veinte céntimos del autobús urbano —tacaño de mí, llamadme— con melodías trance —y después de pop italiano— más los treinta minutos de rigor de espera en la estación, más los cuarenta y cinco de recorrido, el que me ha hecho pensar un poquito sobre no sólo qué escribir en el blog, sino también sobre tomar alguna decisión de relevancia en mi vida en un tiempo.

Decisiones «morales» más que nada, y casi todas relacionadas con cosas empezadas, pero no acabadas.

Sin orden concreto ni importancia superior por estar mencionados antes —bueno, quizás sí que haya algunos más importantes que otros— en el listado.

Volver a la dieta y al llamado «proyecto Erasmus-Fucker 2011»
La teoría mía de los ciclos. Ciclos de dos años. Un par de «gloria» y «esplendor» y otro tanto de «decadencia» y «sequía». Remontándome al 2005, en el que se inició un periodo malo, llegamos al 2007 y al 2008. Dos años de experiencias geniales, sobre todo el grandísimo y espectacular verano en Swanage, siguiendo con un buen curso escolar y otro verano bastante guapo que precedió a una semana y poco en Valencia con Kevin & Co. Después bajada moral, subida de peso y llegada al 2009. Vaya año más asqueroso. No hay que explicar mucho, tan sólo leer mis entradas de aquella época. El bajón —como digo son etapas bienales— dura hasta hoy, o mejor dicho, duró hasta que me fui a Irlanda este verano. Subida moral en ese momento y ligero repunte moral que dura hasta hoy. O quizás hasta ayer, ya que hoy estoy convencido de que se empieza la preetapa 2011, y por ende, el buen periodo de nuevo.

Supongo que tendrá relación. O será una casualidad asombrosa. Lo bueno de un periodo va directamente relacionado con mi peso. Y después dirán «¡no estás gordo!». No, si ya sé que no lo estoy. Sobre todo porque tengo ojos y veo como están algunos. Pero eso tampoco quiere decir que esté bien, ¿verdad? Analizando las etapas, en el 2005 comencé a ganar peso hasta llegar a un tope acojonante en las navidades del 2006. Después bajada brutal, misión fitness y comienzo del buen ciclo con clímax a mediados del 2007 y prolongación del buen estado hasta verano-otoño del 2008. Y ahí, comenzó la bajada —moral y situacional, ojo. Que el peso sí que subió— que terminó en julio de este año cuando ¿adivinas? comencé a bajar peso de nuevo. Vaya por Dios. Si es que tendrá algo que ver al final ☺.

Y ahí, en el bajo fondo del estado físico y anímico —aunque he de decir que en el ámbito académico ha estado todo genial— comenzó una lenta recuperación que se remonta al día de hoy. Lenta hasta entonces, pero que espero que ahora pase ya a ser rápida.

Como estoy seguro de que sí que tiene que ver con el peso —no creo que sea tema de autoestima ni seguridad en mí mismo, si lo fuera, nadie me hablaría por ser más chulo de lo que ya soy—, no queda sino recomenzar la operación Fitness-Fucker 2011 (también llamada Erasmus-Fucker 2011).

La meta inicial es rozar el peso del más que mítico verano 2007. 78 kilos que se redondean a 80 aplicando el baremo de crecimiento —que ha sido poco, llevo midiendo 1,85 desde los 15 años— y el IPC. Y después de llegar a los 78 a base de dieta y ejercicio, subir hasta los 82-85 a base de gimnasio. ¿Las razones? No pienso irme de Erasmus a Alemania —país que tiene todos los boletos para convertirse en el país que visitaré— sin estar bien de tipo. No digo normal, no. Digo bien. Bien de obedecer a los cánones de belleza actuales que, si bien veo un poco estúpidos, es obligatorio —nos guste o no— cumplir para tener mucho éxito social. A menos que te sobre el dinero de forma brutal, que no es el caso.


Y en ese momento, cuando esté en mis ochenta y pocos, en buena forma o cuadrado, como también se dice, diré: «cojones, ahora sí». Todas las civilizaciones tienen su época dorada, y después su declive. Las personas no son menos. Cada uno la tiene. Algunos se quedan en pirita, otros son oro de bajo quilataje y otros, en cambio, llegan a ser oro fino de joyería de la bien pija. Estoy convencido de que ese periodo todavía no me ha llegado, más que nada porque si ya lo ha hecho «switch off y let's go». Vaya asco si ya ha pasado. Qué poco guapo me queda por vivir. A veces me encuentro fuera de sitio. Estoy convencido de que los años me ubicarán progresivamente. Y ese año de inflexión será, espero, el 2011.

Así que mañana lunes, se recomienza la operación. No hay mejor momento para empezar: mañana puedo ir al gimnasio con Carlo a apuntarme para la quincena. He llegado de fiesta hace una hora y un poco, por lo que dormiré un puñado de horas, me iré a dormir temprano hoy y me levantaré a buena hora mañana. La operación está a mitad y tengo tiempo de sobra para cumplir los objetivos dentro de plazo. Digo mañana y no hoy por una razón muy sencilla: no es plan estar de tiquismiquis el día del cumpleaños de mi querido hermano.

Dichoso carnet de conducir
Y digo dichoso porque es un auténtico coñazo. No de difícil, faltaría más, sino de pesado. Y por el respeto que me da la carretera. No por mí, sino por la de macarras que uno se encuentra con el el Seat Ibiza tuneado hasta la antena que pillan los 160 en los sitios más inadecuados; por las viejas a 60 en la autopista y en el carril del centro; o por las menopáusicas que frenan de improviso 300 metros antes del cruce.

Por eso, y por el querido teórico. Que si es fácil, que si se lo sacan hasta los retrasados, etc. Vale, pero para un tío que no ha estudiado en la vida —lo digo en alto, bien orgulloso viendo que he llegado a segundo de carrera muy cómodo y tocándome le palle— y a quien no le interesa demasiado estudiarse el código de circulación terrestre —el RCA o código de circulación aérea es casi lectura ligera para ir al baño, por el puro gusto y placer de leerlo— el tema ya no estan sencillo. Aún así, confío en sacármelo a la primera. La modestia que me caracteriza ☺.


¿Las razones? Facilidades para cumplir con el objetivo de arriba —que he brevemente descrito en 600 palabras— y poder moverme con más facilidad. Playa, compras y excursiones varias. Y me queda una. Una tipa que me ha dicho que vendrá en Gran Canaria allá por febrero. Cosa que veo muy complicada, pero oye, de ilusiones se vive. Dichosas rubias de ojos azules que engatuzan a uno. Una debilidad que tengo y que sería buen tema para una tesis doctoral: «Influencia de las rubias de ojos azules en la vida de Bruno Brusini: cambios actitudinales». Mannaggia Cristo. Quizás tenga algo que ver con el subconsciente más animal de mi persona, la perpetuación de mis genes. Y joder, qué carnal ha sonado eso. Sin quererlo. De veras.

Inserte objetivo aquí
Insértelo, porque objetivos claros ya no tengo. Es decir, sí, pero es demasiado general para ponerle título. Alcanzar la plenitud personal, social, económica-profesional y política. O dejémoslo en las tres primeras cosas, dado que nadie votaría a un tío con pensamiento de derecha de la vieja guardia que secunda políticas sociales al estilo Obama o progre de verdad (que no los de mentirijilla que hay por ahí sueltos, que se las dan de tolerantes y después queman banderas que no son de su agrado o enarbolan otras de dudosa moralidad). Los de izquierdas me odiarían por retrógrada; los de derechas, por lo último.

Pero la plenitud personal si la puedo explicar, al menos un poquito. Cuando me quede sin objetivos personales grandes, consideraré que la he alcanzado. Vivir bien y no querer más de lo que tengo en este ámbito. La social está muy relacionada y es casi lo mismo, no hace falta explicarla en detalle y te la puedes imaginar. La económica es la típica: Tener dinero. No el suficiente para vivir, no el suficiente para vivir bien, no el suficiente para vivir muy bien tampoco ni poder permitirse muchos caprichos. No, ricco sfondato como se dice en Italia. Rico en plan tío gilito, pero sin el punto avaro. Estoy convencido de que los dichos se le ocurrieron a gente desgraciada. «A caballo regalado no le mires el dentado», dijo uno que siempre recibía regalos de puta madre en cumpleaños, santo, navidades, el día de la madre, el del padre ya que estamos y en verano, porque sí. «Hoy por ti, mañana por mí» dijo otro a quien nunca se la metían doblada. «Con la moneda que pagues, te pagarán» dijo otro que sabía poco de divisas. Y llegamos al de «el dinero no da la felicidad» dijo otro que no tenía un duro. Hagamos una cosa, déjame que tenga dinero a raudales, que sea un ricco sfondato. Y si en ese momento no soy feliz, te lo devuelvo todo, después de haberlo comprobado por mí mismo. Quizás el dinero sólo no de la felicidad, pero si te compras cositas con ese dinero... ☺




Y aquí entra en juego la teoría del tiro parabólico. Los de ciencias lo pillarán rápido, los demás puede que tarden un segundo más. Imaginemos una diana de un metro de anchura y diez metros de alto. Si desde lejos apuntas a la mediocridad, al cinco, tu disparo caerá por la distancia y le pegará al tres. Si apuntas al diez; caerá más abajo, pero siempre por encima del cinco. Si apuntas al cielo, quizás superes el diez de la diana. «Agüita».

¿Y qué mejor que apuntar al cielo —dirección diana, ojo— que esperando desarrollar tu futuro en un sector que te apasiona?

Aquí termina la entrada de hoy. Un gran tocho. Grande, pero por el que no pido perdón, como hacen algunos en ciertos foros tras escribir más de seis líneas de texto. Perdón deberían pedir por el mismo hecho de pedir perdón.



Vista, suerte y al toro.