Aquí sigo.

Si tuviese que informar de la situación, me cuadraría y gritaría «sin novedad». En realidad no hace falta ni cuadrarse ni gritar, pero creí que quedaría bien (esta es la típica nota mental de un autor, que no debería escribir pero aun así lo hace).

Sin novedad.

Sin nada especial.


Dicen que cuando uno está en la cima y cae, la caída duele mucho más. Esto no se aplica a mí, pero sí puedo aplicarlo a mi ritmo de vida. Cuando tienes alguna experiencia maravillosa que te afanas por recordar a la perfección, que te hace esbozar una sonrisa cuando la recuerdas; las siguientes experiencias, aunque buenas, podrían quedar eclipsadas por la anterior. Por la estrella.

Y esto es precisamente lo que me está pasando. Una vida buena, pero que ahora mismo no tiene nada de especial. No he vivido en el último año y medio ninguna experiencia que me vaya a hacer sonreír en unos años. Al menos porque hay un par de momentos excepcionales que parecen quitarle interés.

Siempre he dicho que no me arrepiento de haber hecho nada. Absolutamente nada que me pudiera haber hecho de alguna manera algo más feliz de haberse, o no, hecho. Ni tan siquiera intentaría borrar algunos malos ratos. ¿Para qué? Son parte de ti, de tu memoria.

Sin embargo, cuando recuerdo algunas frases, trato de imaginarme qué hubiera pasado si la historia no hubiese continuado como finalmente lo ha hecho.

«Si me hubieras besado aquel día...»


«Yo te quiero y sé que no es un amor falso. Pero... por favor... hazme caso...»


«Me gustaría haberme enamorado de ti»

Tres personas distintas, tres momentos distintos, tres lugares distintos.

Tres memorias. Casi borradas.

1 impresiones.:

Mirage | 14 de junio de 2010, 17:28

Siempre acaba por ocurrir algo. Antes o después, lo queramos o no.

Y si no es bueno, nos tendrá preparados para no dejar escapar los buenos momentos que se aproximen.