Preguntas extrañas de Brus (VI): ¿Libre albedrío o predestinación?

No es la primera vez que uno de mis amigos, ante una pregunta sobre su forma de vivir o de actuar, me responde que si algo le tiene que pasar, le pasará. «Cuando llegue mi hora, llegará», «si me tiene que pasar, al menos habré disfrutado antes». Están asumiendo,  por tanto, que existe el «destino» como tal, y así, que el libre albedrío no existe. Tú no eliges. Hay algo «escrito» que dice lo que tiene -y va- a pasar.



Así, quien esté leyendo esto no lo hace motu propio: estaba «predestinado» a hacerlo. La realidad te hace creer que has tomado una serie de decisiones que te han llevado a leer estas líneas. Quizás creas haber elegido quedarte en casa en lugar de salir, encender el ordenador en lugar de ver la televisión, o ponerte a visitar blogs en vez de chatear con tus amigos. Pero no, ha sido el Destino lo que te ha llevado a esto, camuflando sus actos bajo un velo de supuesta libertad de actuación. ¿Alguien se lo cree?

Ahora un breve análisis de lo que ocurriría si de verdad existiese el Destino como ente que predetermina lo que va a suceder y encadena a toda la materia a una serie de sucesos.


  • Se podría «predecir» el futuro
Si algo marca lo que va a suceder, el futuro sería imperturbable. No existe la posibilidad de que convivan Destino y libre albedrío. Por tanto, el tema de médium y estafadores con bola de cristal cobraría cierto sentido. El Destino sería como un «ente», y quizás la gente arriba mencionada, el nexo entre este ente y «los mortales». Cuidado, no quiero decir con esto nada que vaya más allá de lo meramente expuesto: nexo entre «ente» entrecomillado y el resto del mundo. Nada de dualismo espiritual o vida después de la muerte.

Sería completamente imposible modificar aquello que va a suceder, incluso cuando se nos diga lo que nos depara el destino. No es posible predecir que «mañana te van a atropellar» y quedarte encerrado en casa para sobrevivir. Tu acto «libre» interferiría con el «Destino», así que uno de los dos no existe. O hay destino, o hay libre albedrío. Una de dos, no hay combinaciones que valgan.


  • Pasividad en la vida


  • Lógico. Si el destino ha sellado lo que va a ocurrir, no habrá que preocuparse por nada, no habrá que actuar. Todo acontecerá y listo. ¡Qué triste!

    • Asunción de riesgos innecesarios

    «Cuando llegue mi hora, llegará». Así que la persona en cuestión tomará riesgos extra. Saldrá sin blindaje corporal como un soldado español en Iraq que afirmaba esto, o un aspirante a piloto no tendrá un «seguro» por si su carrera aeronáutica falla al no hacer una carrera antes que meterse a estudiar lo que más le gusta. No se tendrán en cuenta eventualidades como enfermedades o accidentes que puedan acarrear la pérdida de la licencia de vuelo, por ejemplo. «Si me tiene que pasar...» así que nada de preocuparse por tu vida, sólo has de hacer lo que más te gusta.

    • Carencia de «vida» y de la razón de ser del humano
    ¿No se diferencia al humano del animal porque uno puede realizar elecciones y otro no? ¿Uno actúa en base al razonamiento y no al instinto, en condiciones normales, y otro todo lo contrario? Entonces ¿qué sentido tiene el ser «humano» si se nos niega la existencia de los dos elementos fundamentales que nos determinan como lo que somos, es decir, capacidad de raciocinio y libre arbitrio?

    Como todo aspecto de la metafísica, toda teoría es tan aceptable o refutable como una completamente opuesta a ella.


    Quizás no elegí escribir esta entrada sino que estaba predestinado a hacerlo. Pero nunca podré saberlo. Si creyese en el destino diría que éste me ha llevado a redactar, y si no creyese, como hago, sencillamente diría que me apetecía. ¿Pero no sería posible que estuviera predestinado a creer que me apetecía escribir para pensar a su vez que no existe el destino? Qué lío.

    Quiero pensar que lo he hecho porque me tenía ganas, y podía haber elegido apagar el ordenador y leer aquellos libros de inglés que saqué esta tarde de la biblioteca motu proprio. Porque quise. Porque actúo libremente.

    No existe el destino, y quien no opine igual es porque no quiere, no porque estuviera predestinado a hacerlo. Prueba a pegarte un tiro y será «tu día». Si no quieres y no lo haces, no lo será. Porque tú lo has elegido.


    4 impresiones.:

    Orologiaio | 11 de mayo de 2010, 7:08

    ¿Y no puede ser que el destino consista que que "parezca" que elegimos"?

    Pregunto ;)

    BBrus | 11 de mayo de 2010, 8:36

    ¡Claro! Ahí está el problema:

    «Ha sido el Destino lo que te ha llevado a esto, camuflando sus actos bajo un velo de supuesta libertad de actuación.»

    Una postura es tan válida como la otra, no hay nada que realmente nos pueda aportar pistas sobre si lo que hemos hecho ya estaba marcado o lo hemos elegido, pues no podemos volver atrás para actuar de otra manera (lo que de ser posible, imposibilitaría la existencia del destino).

    Otra historia es ya que exista destino, y la propia consciencia de la existencia de éste significase que tu supuesta libertad de actuación se volviese una libertad real que puede modificar lo «planeado». Tipo Matrix.

    Como siempre, gracias por pasarte :)

    César | 13 de mayo de 2010, 14:10

    Sobre un tema tan interesante como éste, Sartre diría que si el destino existe o no existe, es irrelevante, porque si al existir, negamos nuestra libertad, cairiamos en mala fe. Quiero decir, tendríamos una vida de quietismo, o nos absolveríamos de toda culpa, echándosela a algo tan vacío y abstracto como la palabra "Destino". El hecho de que "parezca" que elegimos, (pues el destino es como Dios, indemostrable, pero en nuestra subjetividad hallamos la respuesta)no debe incapacitar a una conciencia a actuar respecto a sí misma. Y negar al ser humano la facultad de elegir y ser responsable de sus actos sería algo mezquino. Aquel que dice, "ya llegará mi hora", debería ser coherente y aceptar que la hora que está determinando lo hace a partir de sus propias acciones, y no a partir de algo exterior. Así que opino lo mismo que tú :)

    MORK | 15 de mayo de 2010, 12:19

    El destino es el nombre que le dan los cobardes al miedo a equivocarse al tomar sus decisiones.

    El destino es cosa de cobardes, los demás tomamos nuestras decisiones y punto. Decir que el destino está escrito es muy fácil y te libera de tener que luchar en esta vida "porque como ya está escrito pues no lucho".

    En fin, el perfil de alquien que cree en eso, probablemente también crea en otra serie de bobadas, pulseras mágicas, astrología.... etc.