Filo.

Nunca pensé que me iban a gustar tanto las clases de filosofía. He llegado a tal punto que el único día en el que de verdad me duele llegar tarde al instituto son los jueves.

La que fuera una de mis asignaturas "negras" el año pasado es ahora una de mis preferidas este curso. La participación te hace darle a las neuronas mucho más que en otras asignaturas más matemáticas, en las que el proceso llega a ser tan mecánico que no te sirve de nada saber razonar. Me encantan esos momentos en los que te ves obligado a contradecir al autor, a la profesora o a los compañeros.

No me atrae la clase sólo por lo que hacemos en ella, si no más bien por la posibilidad de extrapolar lo que estoy aprendiendo a la vida cotidiana y en concreto a este blog, como habréis podido comprobar en alguna de mis entradas. La anterior, sin ir más lejos es David Hume al cien por cien con tanta idea y sensación.

Es este autor escocés el que estamos estudiando ahora y el que tantas vueltas me está dando en la cabeza. Su visión puramente escéptica del mundo es increíblemente interesante, te hace recordar la trama de Matrix constantemente y te hace dudar de muchísimas cosas, aunque acabes por volver a poner los pies en la tierra y a afirmar que todo lo que ves es real y uno una mera percepción de tus sentidos.

Es en esta percepción, en estos sentidos, en las ideas y los recuerdos en donde encuentro más a Hume. Como tipo melancólico que soy, un tío que cuando se va a la cama se queda mirando al techo y se pone a pensar en mil cosas distintas, esta visión me apasiona. Darle vueltas a la obviedad de que el sentimiento es más fuerte que el recuerdo, pensar con cariño en el pasado.

Giorni, settimane, notti senza luna.

[...]

Semplici emozioni vive sulla pelle tutte le risposte in una corsa folle e tu che dicevi l'amore è solo una parola... ma io ci credo ancora ma io lo vivo ancora perchè ricordo ancora.

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