Once it gets under your skin...

Extraído de PPRuNe



Bealzebub os ha respondido bastente bien. Le recomendaría a todo el que esté aspirando a jugar en este mundo que se lo imprima y que lo tenga a mano para futuras lecturas. Los pros y los contras de volar toda la vida son subjetivos. Todo el mundo tendrá su propia opinión, tan válida como las demás. Estos son mis pensamientos, emitidos desde una perspecticva diferente, la experiencia de haber volado un turbohélice regional durante unos seis meses.

Opino que volar es como una relación amorosa a largo plazo. Existe el factor inicial del "wow", el enamoramiento, seguido de una luna de miel en la que miramos a nuestra pasión con la admiración de un niño pequeño. Esta luna de miel empieza a finalizar a medida que los problemas comienzan a hacer aparición; pero el amor, la razón por la que nos metimos en esto, sigue ahí. Para algunas personas, los contras son sencillamente tantos y tan importantes que terminan dejándolo. Para aquellos que aún así aguanten, la relación se mantendrá posiblemente para siempre.

Me metí en esto de volar porque tenía un trabajo, que aunque me bastaba para pagar las deudas, me aburría mortalmente, además, tenía que viajar tres horas desde y hacia Londres todos los días, lo que era una verdadera cruz. Las ganas de hacer algo nuevo me dirigieron hacia una lección de vuelo de prueba y me enamoré de inmediato. Muy temprano me decidí a hacer carrera en la aviación, la atracción de que te pagasen por hacer tu hobby fue irresistible.

Los problemas estuvieron presentes desde el principio y os serán familiares a los que hayáis hecho el PPL. Cancelaciones por mala meteorología, problemas económicos, frustración, exámenes sin sentido que hay que superar sí o sí... Tras esto vino el estrés del entrenamiento para el vuelo comercial, estando presionado al saber que un simple error puede tener un coste de miles de libras. Tras la exaltación de pasar el IR (Instrumental Rating) viene el darse cuenta de que eres uno más, uno de los muchos CPL con apenas 200 horas de vuelo y te matas por encontrar tu primer trabajo. A algunos les lleva años, otros nunca lo conseguirán.

Incluso cuando tu sueño se haga realidad y hayas conseguido llegar a trabajar en línea, le encontrarás muchas pegas al trabajo. Tu vida la dirige tu programación, y los fines de semana casi no existen. Los eventos y las reuniones familiares se vuelven casi imposibles a no ser que lo planees con meses de antelación. Cinco días de trabajo y dos de descanso suenan genial, hasta que te das cuenta de que tu última jornada termina a las 10 de la noche y el primer día de vuelta entras a trabajar a las seis de la mañana. Llegando al trabajo eres víctima de un sistema de seguridad sin sentido, cerrado. Te vas a encerrar en una cabina con un hacha (nota: En las cabinas se lleva un hacha para usar en caso de accidente, por si alguien se ve atrapado) y se te da el control de un avión que viaja a 850 kilómetros por hora... pero antes de llegar hasta ahí te tienes que quitar los zapatos por si llevas algo escondido, y no dejan portar ni spray desodorante para tu escala en el destino.



Cada seis meses te meten en un simulador y tendrás que afrontar todos los posibles fallos imaginables que te echará el examinador, que estará detrás de ti tomando nota... y muchas veces es cuestión de suerte si es un gran instructor o un tipo con el ego subido. Las consecuencias del cualquier fallo son graves. Si tienes muy mala suerte te citarán a las tres de la mañana, y se espera que estés igual de agudo que en horario normal. Acostúmbrate, porque cada seis meses te juegas toda tu carrera.

La vida en línea es mucho más relajada que esto, pero incluso aquí hay una presión importante ya que sabes que un mal día, un sólo error, podría destrozar tu carrera profesional o matar a gente. Cientos de personas. Volarás en todo tipo de condiciones climáticas adversas, serás entranado y condicionado para volar todo de modo automático y después se esperará que vueles sin automático. Volarás cuatro, cinco, seis sectores diarios con escalas de apenas 25 minutos, pasándolo fatal para encontrar tiempo para comerte un sandwich o para levantarte e ir al baño... y hablando de baños, tu oficina es del tamaño de unos aseos de estos que se ponen debajo de las escaleras para aprovechar el espacio; además estarás encerrado en el con un compañero de trabajo con el que posiblemente no tendrás nada en común excepto el uniforme.

El trabajo es muy sedentario. Estarás sentado horas y horas, comiendo comida de poca calidad y todo esto bajo grandes niveles de estrés. Te resfriarás a menudo... y un intento de volar con un resfriado te podría causar una preforación de tímpano. Puedes tener la mala suerte de inhalar emisiones tóxicas con regularidad... pero no te preocupes. Los técnicos dicen que "no se han encontrado fallas" y la industria aeronáutica niega que esto sea un problema. (Y así con todo)

Son suficientes contras. Me estoy empezando a deprimir.

La pregunta es... si es tan malo, ¿por qué seguimos haciéndolo? Vuelo con un par de comandantes sesentones que no pueden estar necesitando el dinero... ¿por qué se hacen pasar a ellos mismos por todo esto? Para mí, y para ellos, la respuesta la encontramos en el símil de la relación. Estamos enamorados de volar. Estamos perdidamente enamorados. Me encanta el desafío de un trabajo complejo y exigente a nivel técnico que muy pocos pueden hacer. Soy un perfeccionista que nunca hará un vuelo perfecto. Un desafío vitalicio. En su día fui lavaplatos, una jornada de las 9 a las 5 y lo odiaba con todas mis ganas. Ahora nunca más, me apetece levantarme para ir a trabajar. Dios... ¡hasta echo de menos mi trabajo cuando estoy de vacaciones! No existen dos días iguales y las vistas que tengo desde mi oficina son diferentes cada jornada y son realmente espectaculares. A pesar de todos los contras (y mira que hay) no me puedo imaginar haciendo otra cosa. La mayoría de mis compañeros se siente de la misma manera, incluyendo aquellos comandantes que se sacaron la licencia cuando yo todavía estaba en pañales.

Hace poco llegué a casa tras un largo y cansado día de trabajo. Encendí la televisión y vi un documental sobre aviones, me quedé dormido y soñé con más aviones. Una vez se te mete dentro, no hay manera de sacarlo.


Once it gets under your skin, you'll never get it out.



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