Día 26: Hace un mes.

DIARIO VALENCIA

26 de Diciembre

Hace un mes. Hace ya un mes de aquella noche en la que, como hoy, era imposible conciliar el sueño. Pocas horas después estaría tomando un avión para viajar a Valencia. El viaje lo afrontaba con muchísima normalidad, más que pensar que iba a volar 1800 kilómetros y que iba a estar 10 días fuera de casa, tenía la sensación de que iba a coger el autobús para irme a casa de un amigo. Este sentimiento, a decir verdad, no se aleja mucho de la realidad si sustituimos autobus (o guagua, como a alguno de por ahí le acabé pegando) por un Airbus A320. Mantenemos "casa de un amigo".


Llegada

Por fin llegué a Valencia tras un vuelo precioso, atravesando nubes para salir al cielo despejado sobre Madrid; metiéndonos otra vez en nubes para ver la capital del Turia con mis propios ojos, ciudad que tanto he sobrevolado en el mundo virtual...

Me acuerdo perfectamente de la sensación que tuve al bajarme del avión. El pisar la pasarela telescópica significó un "aquí estoy" y un "por fin". Esperando en la sala de recogida del equipaje creció mi consciencia sobre donde estaba, la megafonía diciendo algo similar a "eixida del vol Air Nostrum 8984 amb destinació Madrid" me recordaba que estaba en Valencia. Esta sensación de ingravidez mental, de saber dónde te encuentras pero no ser consciente de ello, de saber con quienes estás y qué está pasando pero a su vez estar como en otra dimensión me acompañaría durante todo el viaje. Alba lo comprendió a la perfección cuando me dijo "A mí también me pasa cuando estoy en Toledo".

Pasaron por última vez en mi mente las diez mil formas posibles de reencuentro a mi llegada a Valencia. Crucé la puerta y ahí estaba Kevin. A tomar por saco el carrito y la maleta. ¡¡Ven aquíííí!!

No faltaba Lola, que su cámara de fotos imortalizó el momento. Momento en el que dicho sea de paso no salí muy favorecido, ya que mi querido corte de pelo me da una imagen de cabezón terrible.

Tras los besos y abrazos reglamentarios a Kev y a Lola me presentaron a Guillermo, el padrastro de Kevin, y nos dirigimos hacia el parking para ir a casa, a donde llegamos tras un viaje con alguna que otra risa de por medio, un vídeo un tanto curioso que sigo esperando con impaciencia y lluvia. Por mi mente, el mismo pensamiento una y otra vez... ¡ya estoy aquí!

Después de llegar y sacar todo el equipaje del maletero subimos al tercero, o como rezaba el cartel de enfrente del ascensor "te cero". Ahí estaba Christine, ¡qué guapa que es! Ya sabemos a quién se lo debe Kevin... Tampoco podía faltar, por supuesto, la señorita de la casa, Pepa. Perfecta bienvenida a Valencia, no se puede pedir más.

Metro

Esa noche habíamos quedado con un par de amigos de Kevin para ir a tomar algo. El Brus, de canarión perdido y como no puede ser de otra manera, llevaba su camisa de manga larga (típico en mí) y una simple chaqueta. La primera noche se aprende.
Escoltado ahora también por Alba, a la que recogimos en su casa después de recorrer el camino que usaríamos diez mil veces a lo largo de todas las vacaciones para movernos, fuimos a la estación de metro de Campanar-La Fe para ir al centro. Tras esperar unos diez minutos entre risas, intentos de asalto a Kevin por mi parte y defensa a ultranza de su amado por parte de Alba (y todo esto bajo la atónita mirada de Lola) llegó el metro de las y cuarto. (Foto del billete pendiente)

Caminamos unos diez minutos antes de llegar a la entrada de un FNAC (de estos no tenemos en Canarias) donde pude conocer en persona a muchos valencianos que únicamente conocía por tuenti.





Asalto a la crêpería

Nos separamos de nuevo, uníendose Laura, Rafa y Pablo a los 4 de antes. Caminamos durante un poquito hacia la Plaza de la Reina, en donde nos desviamos hacia una callejuela para ir a una crêpería de por ahí. ¡Qué calorcito que hacía dentro! Nos quitamos todos las chaquetas y pedimos unos zumos y otros crêpres... de chocolate, plátano y nata...

Tras arrasar con el crêpe y el zumo (no comía nada desde que salí de Gran Canaria) nos quedamos hablando durante un buen rato durante el cual, y Kevin se acordará, aproveché para cambiar la hora del reloj a GMT+1

Congelado por el cambio de temperatura y mi ligero atuendo, salimos del establecimiento y comenzamos un paseo hasta la estación de guaguas (autobuses) con parada reglamentaria en una tienda de golosinas para que Alba y Laura dieran buena cuenta de la glucosa que ahí se vendía. Gracias por el Kit-Kat, Alba.

This is Valencia ATIS information...

Nos subimos al 61 tras separarnos por última vez: Lola, Laura, Pablo y Rafa por una parte; Kevin, Alba y yo por la otra. Durante este trayecto me di cuenta de lo poco consciente que estaba sobre dónde me encontraba y así se lo hice saber a mis amigos. En ese momento fue cuando Alba comentó que le pasaba a menudo en Toledo.

Nos despedimos de Alba y volvimos a casa, no sin antes hacerles saber que me resultaba un tanto extraño eso de dar dos besos en los saludos y las despedidas, cuando yo estaba acostumbrado a dar sólo uno en estos casos, dando dos exclusivamente en presentaciones y ambientes un poco más formales.

Volvimos a casa de Kevin para salir de nuevo a la calle un rato después junto a Pepa y al scanner. El canarión aprendió rápidamente del error y se puso algo menos ligero encima, ¡esta vez sí que no podía permitirme pillar un resfriado por no ir abrigado! Escuchando con el receptor pudimos recibir a unos cuantos Iberia y Air Nostrum que entraban por la pista 30, pudiendo apreciar perfectamente una vez cómo la tripulación del A320 desactivaba el piloto automático y el autothrottle. Toda una delicia "frikitnáutica" que recordaríamos durante esos diez días.


- Autorizados a.... *pipipipipipi, tic, tic, tic* completar en visual 30, Iberia 0330.

Un par de CRJ y algún A320 sobrevolaron la zona, hipnotizándonos con el sordo sonido de sus turbofan en la lejanía y aquellos destellos de luces anticolisión y estroboscópicas que salían de la panza o parte superior del fuselaje y planos respectivamente.

¡Pobre Pepa! Habíamos salido para sacarla a dar un paseo y nos pasamos casi todo el tiempo parados en un lugar estratégico donde recibiamos bien a los aviones y podíamos escuchar el METAR de LEVC cada dos por tres. El frío empezó a notarse un poquito y volvimos a casa.

Organizamos las cosas para el día siguiente. Nos levantaríamos relativamente temprano para ir al aeropuerto de Manises, donde habíamos quedado con los aerotrastornados valencianos. Estuvimos un buen rato de coñas y risas, hasta que el cansancio hizo aparición y me hizo pasar factura cerrándome los ojos tras un largo día de vuelos, reencuentros, emociones, presentaciones y diversión.

El 27 de diciembre del 2008 es otra historia, otro día y, por lo tanto, otra entrada.

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