Autocensura.

Hoy, como de costumbre, me he levantado tarde tras haberme acostado a la una de la madrugada y un poquito más.

Pensarán ellos que no les escucho, que soy idiota o quizás, por el contrario, lo dirán para que me entere, pero la avalancha de críticas cuando media hora después de sonar el despertador sigo en la cama nunca falta. Hoy salió el tema del blog. "Además, está escribiendo su blog todo lo que hizo en Valencia para que lo lea todo el mundo". En el coche se repitió la misma historia de una manera mucho más pacífica.


Si voy a dejar de escribir en el blog el diario de Valencia será para que lo leáis vosotros dos. Curiosamente prefiero que lo lea un tipo que no me conoce de nada a vosotros.

A los que queráis seguir el diario, mandadme un email, un mensaje privado o comentad esta entrada y os enviaré por correo las actualizaciones. Tengo pensado hacerme un librito con toda la historia, para guardarlo y nunca olvidar estas navidades.

Día 27: Aviones, fotos y tiros (2ª Parte)

DIARIO VALENCIA



27 de diciembre


Llegamos a Campanar pasada la media tarde, faltarían un par de horas para el ocaso. Nos dirigimos a casa, donde nos paramos un ratito a descansar mientras trasteábamos con mi iPod en el ordenador de Kev. Tenía que haber una manera de pasar la música de mi iPod a su ordenador o de al menos escucharla, lo que tras unas peleas con el aparatito, conseguimos. No podía acceder a mis listas pero era lo que teníamos a falta de amplificador (unos días después nos daríamos cuenta de que lo tuvimos todo el tiempo enfrente de nuestras narices, debajo de papeles frikináuticos). Kevin habló con Diego, quien nos invitó a quedarnos en su casa aquella noche junto con Rafa y Arturo.

Fuimos a buscar a Alba pasado un tiempo y posteriormente nos dirigimos al Cero para tomar algo. Dos Coca-Colas y una fanta. Then, Mercadona para comprar la merienda. Chocolate blanco, tender de milka, ensaimadas, chicles de menta, papas; bien cargadito.

Nos sentamos delante de una puerta cerca de casa de Alba y me puse a engullir mis adquisiciones junto con Alba, que dió buena cuenta de las Lay's Groumet. Mientras tanto nuestra charla aeronáutica derivó en una discusión sobre la función de las Fuerzas Armadas y sobre qué haríamos nosotros en caso de conflicto. Entretenido debate que se prolongó durante una buena media hora en los que nos enfrentamos muy diplomáticamente (los bandos supongo que los tenéis claros).

Time to move. Pillamos la "ruta Campanar" de vuelta a "la base", aunque nos quedamos debajo de ella hablando más todavía y dándole oportunidad a Alba de estrenar su nueva cámara de fotos. Este fue el resultado.



Al rato llegaría Diego; nos presentamos para "formalizar". El tuenti y el facebook hacen milagos. "Ruta Campanar" de nuevo, nos despedimos de Alba (dos besos de nuevo, nunca me llegué a acostumbrar). Cogimos el metro para acercarnos a casa de Mme. Diega Ferranda, como le llama Kev (LOL) y fuimos a la busca y captura de un sitio donde comer. Tras un buen pateo y encontrarnos el restaurante italiano "Il Padrino" chiuso dije en alto....

- ¡¡KEBAAAAAAAAAAB!!

Y eso hicimos. A toda máquina hacia el Kebab más próximo, en donde encargamos un par de delicias made in Turkey picantes Kev y yo, mientras que Diego pidió un Kebab de pollo pequeño. Se arepentiría de haber dicho "pequeño" durante toda la noche. Casi muere de inanición.
Llegamos a casa de Mr. Ferrando y conocí a sus padres. Geniales como todos los valencianos con los que coincidí. Goodbye Mr. Kebab picante (aunque de picante no tenía nada, eché de menos mi querido Tabasco).

Había llegado ya Rafa cuando terminó la película de Woody Allen que estaban echando; llegó el turno de jugar al Call of Duty 5... en PS3. Genial para un tipo que ha estado toda su vida enganchado a un teclado y a un ratón. Los periféricos inalámbricos con más de dos botones no eran lo suyo y el marcador fue reflejo de ello, logrando vencer sólo una vez de las cinco o seis que jugamos.

Then we recieved Mr. Paco Espinosa's llamada, con el que nos pegamos hablando casi una hora. El muy tramposo le dijo a Kevin que no se preocupara, que Brus tenía eso de 1x60, paga un minuto y habla una hora. Pues no, no lo tenía pedazo ****, I still love you anyway. Más tiros, esta vez a nuestro amadísimo modo de juego "zombis nazis". Cuando llegó Arturo continuó el vicio, que se prolongó hasta bien entrada la madrugada. El récord, Diego & Kevin con nivel 12.

Cuando caímos KO tras hacer algunas llamadas nocturnas para que nos confirmaran unos pedidos de Kebab a altas horas de la madrugada, "es que señora, entienda usted que tenemos que llamar para pedir confirmación del pedido, sobre todo a estas horas". Todo esto con el acento de Apu.

Bendito amplificador del iPod. Música chill out on y todos a dormir.

Zzzzz...Zzzzz...Zzzzz


Día 28: Jordana volvía de Roma y Kevin se examinaba de C1. Hasta mañana entonces.

Día 27: Aviones, fotos y tiros (1ª Parte)

DIARIO VALENCIA

27 de diciembre

Primer día completo en Valencia y ya teníamos programado movimiento para la mayor parte del día. Hace tiempo habíamos quedado con los frikináuticos de la zona para irnos una tarde a almorzar y después a hacer spotting (fotografía aeroportuaria, digamos).

Tras pensarlo la noche anterior, pusimos los despertadores a las 10 de la mañana. El plan era levantarnos a la hora dicha para coger el metro una hora después y llegar al aeropuerto sobre el mediodía. Salimos de casa de Kev hacia la estación de metro de Campanar, billete AB, línea 1 hasta Angel Guimerà, trasbordo y a "Aeroport" con la línea 3 a toda pastilla en los tramos rectos. El tipo del metro parecía el hermano secreto de Fernando Alonso.



Llegamos al aeropuerto unos quince minutos antes de la hora prevista y subimos a la cafetería del aeropuerto, que daba a la pista. Tenía unas cristaleras enormes y se veía todo a la perfección, incluída buena parte de la plataforma. No sabéis que cara de bobo se me quedó viendo a aviones por aquí y aviones por acá; toda una experiencia acostumbrado a ver a los aviones desde la autopista o desde cerca de las pistas, sin tanto ángulo de visión como para ver toda la operación aeroportuaria o los despegues y tomas.

¡HAMBRE!

Así que a comer algo al sitio más cercano... la misma cafetería donde estábamos. Nos pillamos un bocata para compartir, una Coca-Cola y un café con leche a 99ºC a precio de aeropuerto (Clicad en la imagen para agrandarla).

Antes de poder terminar nada de lo que habíamos encargado llegó la tropa Valenciana. Por riguroso orden alfabéteico Alfonso, Dani, Ernesto, Javier, Pablo y Víctor, a los que ni hizo falta presentar; excepto a Alfonso, que conocía sólo de nombre por verlo controlar en IVAO.

Abel todavía no había llegado así que tras charlar un rato sobre aviones y sobre qué tal había ido mi viaje bajamos a esperarle, donde estuvimos bromeando sobre si traería un zumo en mano al bajar del coche o no. Esperamos una media hora en la que Víctor nos explicó cómo funcionaba una parte del TMA de Valencia, las diferentes frecuencias 124.750MHz, 118.8MHz...

Por fin llegó el otro italiano y volvimos al punto de encuentro, esta vez para asaltar el Pans & Co. entre Dani y yo, en donde di muy buena cuenta de un combo de pechuga (click par agrandar). Durante todo el amuerzo, para seguir con nuestras costumbres, se habló de aviones. Aeronáutica hasta en la sopa; o en este caso hasta en los bocatas.
Y con mucho gusto.


Taxi

Algún brillante de nosotros tuvo la idea de pillar un par de taxis para dirigirnos hacia "el montículo de la 12" en vez de ir caminando. La gracia nos salió carita, unos 8€ cada taxi entre suplemento de recogida en el aeropuerto, suplemento de fin de semana, recarga por combustible, tasas aeroportuarias y exceso de equipaje (lo del Pans). Estos tres últimos no estoy seguro de que nos lo cobraran, pero visto el coste del dichoso viaje todo es posible.

Durante el trayecto estuvimos comunicados el TAXI01 y TAXI02 con un par de walkies. Kev y yo ibamos en uno y no entendíamos NADA de lo que decían Victor y Dani, así que, como buenos pilotos: "Unreadable, say again", Por lo visto ellos nos recibían 5.

El montículo y el GPWS de Robledo

Llegamos al famoso montículo de la 12. Pedazo vistas. Se podía ver con claridad toda la pista y las zonas de aproximación, además de H1 con claridad y a lo lejos la plataforma.

Un puñado de scanners nos mantenían al corriente de lo que pasaba en el aeropuerto de Valencia y en el TMA entero, sabiendo entonces qué sería lo próximo en aparecer al ESE con sus luces de aterrizaje bien encendidas.

Suddenly:

- ¡Ostia!

WHOOP, WHOOP PULL UP!

Robledo se pegó un piñazo de los que marcan historia tras resbalarse. Después del segundo de silencio reglamtentario que sigue a cualquier caída cómica rompimos a reír. Las coñas sobre el incidente se sucedieron durante toda la tarde con comentarios del estilo de:

- Se quedó bajo en la senda

- Entró en perdida y se comió la tierra

- Caution, windshear!

- LOL

Nos pasamos un par de horas y poco tiempo de una tercera haciendo spotting, tras lo que decidimos volver a la terminal, no sin que antes algunos del grupo hicieran un "packs off" en una gasolinera que nos pillaba de paso.

Returning to base

Llegando ya a la terminal y entre los "Acera fail" de Kevin y míos por el estado de mencionada acera avistamos a un grupo de pilotos y azafatas a nuestras 12 en punto alejándose y empezamos a correr hacia ellos como tarados. Un colega de seguridad se quedó un poco pillado al vernos. A saber qué harían estos locos con cosas extrañas con antenitas en la mano.

Nos metimos en el edificio principal a descansar un poco después del paseo de vuelta justo al lado del acceso para personal. Kev y yo nos imaginamos cruzando esa puerta dentro de unos años, uniformados y con tres barras sobre los hombros acompañados por el resto de la tripulación del avión.

Aquí ya nos separamos. Dani, Kev y yo volvimos a base, aunque no sin antes tomar la foto de rigor al grupo. Mil gracias a Robledo, quien sacó la instantánea del grupo.


Nos despedimos de todos los chicos y bajamos Dani, Kev y yo a la estación del aeropuerto y pillamos la línea verde hasta Angel Guimerá, dijimos adiós a Dani, con el que quedamos para ir a l'Oceanografic en unos días, y nos subimos a la 1 para volver a Campanar.

El resto en otra entrada chicos, ¡que esta es ya bien larga!



Día 26: Hace un mes.

DIARIO VALENCIA

26 de Diciembre

Hace un mes. Hace ya un mes de aquella noche en la que, como hoy, era imposible conciliar el sueño. Pocas horas después estaría tomando un avión para viajar a Valencia. El viaje lo afrontaba con muchísima normalidad, más que pensar que iba a volar 1800 kilómetros y que iba a estar 10 días fuera de casa, tenía la sensación de que iba a coger el autobús para irme a casa de un amigo. Este sentimiento, a decir verdad, no se aleja mucho de la realidad si sustituimos autobus (o guagua, como a alguno de por ahí le acabé pegando) por un Airbus A320. Mantenemos "casa de un amigo".


Llegada

Por fin llegué a Valencia tras un vuelo precioso, atravesando nubes para salir al cielo despejado sobre Madrid; metiéndonos otra vez en nubes para ver la capital del Turia con mis propios ojos, ciudad que tanto he sobrevolado en el mundo virtual...

Me acuerdo perfectamente de la sensación que tuve al bajarme del avión. El pisar la pasarela telescópica significó un "aquí estoy" y un "por fin". Esperando en la sala de recogida del equipaje creció mi consciencia sobre donde estaba, la megafonía diciendo algo similar a "eixida del vol Air Nostrum 8984 amb destinació Madrid" me recordaba que estaba en Valencia. Esta sensación de ingravidez mental, de saber dónde te encuentras pero no ser consciente de ello, de saber con quienes estás y qué está pasando pero a su vez estar como en otra dimensión me acompañaría durante todo el viaje. Alba lo comprendió a la perfección cuando me dijo "A mí también me pasa cuando estoy en Toledo".

Pasaron por última vez en mi mente las diez mil formas posibles de reencuentro a mi llegada a Valencia. Crucé la puerta y ahí estaba Kevin. A tomar por saco el carrito y la maleta. ¡¡Ven aquíííí!!

No faltaba Lola, que su cámara de fotos imortalizó el momento. Momento en el que dicho sea de paso no salí muy favorecido, ya que mi querido corte de pelo me da una imagen de cabezón terrible.

Tras los besos y abrazos reglamentarios a Kev y a Lola me presentaron a Guillermo, el padrastro de Kevin, y nos dirigimos hacia el parking para ir a casa, a donde llegamos tras un viaje con alguna que otra risa de por medio, un vídeo un tanto curioso que sigo esperando con impaciencia y lluvia. Por mi mente, el mismo pensamiento una y otra vez... ¡ya estoy aquí!

Después de llegar y sacar todo el equipaje del maletero subimos al tercero, o como rezaba el cartel de enfrente del ascensor "te cero". Ahí estaba Christine, ¡qué guapa que es! Ya sabemos a quién se lo debe Kevin... Tampoco podía faltar, por supuesto, la señorita de la casa, Pepa. Perfecta bienvenida a Valencia, no se puede pedir más.

Metro

Esa noche habíamos quedado con un par de amigos de Kevin para ir a tomar algo. El Brus, de canarión perdido y como no puede ser de otra manera, llevaba su camisa de manga larga (típico en mí) y una simple chaqueta. La primera noche se aprende.
Escoltado ahora también por Alba, a la que recogimos en su casa después de recorrer el camino que usaríamos diez mil veces a lo largo de todas las vacaciones para movernos, fuimos a la estación de metro de Campanar-La Fe para ir al centro. Tras esperar unos diez minutos entre risas, intentos de asalto a Kevin por mi parte y defensa a ultranza de su amado por parte de Alba (y todo esto bajo la atónita mirada de Lola) llegó el metro de las y cuarto. (Foto del billete pendiente)

Caminamos unos diez minutos antes de llegar a la entrada de un FNAC (de estos no tenemos en Canarias) donde pude conocer en persona a muchos valencianos que únicamente conocía por tuenti.





Asalto a la crêpería

Nos separamos de nuevo, uníendose Laura, Rafa y Pablo a los 4 de antes. Caminamos durante un poquito hacia la Plaza de la Reina, en donde nos desviamos hacia una callejuela para ir a una crêpería de por ahí. ¡Qué calorcito que hacía dentro! Nos quitamos todos las chaquetas y pedimos unos zumos y otros crêpres... de chocolate, plátano y nata...

Tras arrasar con el crêpe y el zumo (no comía nada desde que salí de Gran Canaria) nos quedamos hablando durante un buen rato durante el cual, y Kevin se acordará, aproveché para cambiar la hora del reloj a GMT+1

Congelado por el cambio de temperatura y mi ligero atuendo, salimos del establecimiento y comenzamos un paseo hasta la estación de guaguas (autobuses) con parada reglamentaria en una tienda de golosinas para que Alba y Laura dieran buena cuenta de la glucosa que ahí se vendía. Gracias por el Kit-Kat, Alba.

This is Valencia ATIS information...

Nos subimos al 61 tras separarnos por última vez: Lola, Laura, Pablo y Rafa por una parte; Kevin, Alba y yo por la otra. Durante este trayecto me di cuenta de lo poco consciente que estaba sobre dónde me encontraba y así se lo hice saber a mis amigos. En ese momento fue cuando Alba comentó que le pasaba a menudo en Toledo.

Nos despedimos de Alba y volvimos a casa, no sin antes hacerles saber que me resultaba un tanto extraño eso de dar dos besos en los saludos y las despedidas, cuando yo estaba acostumbrado a dar sólo uno en estos casos, dando dos exclusivamente en presentaciones y ambientes un poco más formales.

Volvimos a casa de Kevin para salir de nuevo a la calle un rato después junto a Pepa y al scanner. El canarión aprendió rápidamente del error y se puso algo menos ligero encima, ¡esta vez sí que no podía permitirme pillar un resfriado por no ir abrigado! Escuchando con el receptor pudimos recibir a unos cuantos Iberia y Air Nostrum que entraban por la pista 30, pudiendo apreciar perfectamente una vez cómo la tripulación del A320 desactivaba el piloto automático y el autothrottle. Toda una delicia "frikitnáutica" que recordaríamos durante esos diez días.


- Autorizados a.... *pipipipipipi, tic, tic, tic* completar en visual 30, Iberia 0330.

Un par de CRJ y algún A320 sobrevolaron la zona, hipnotizándonos con el sordo sonido de sus turbofan en la lejanía y aquellos destellos de luces anticolisión y estroboscópicas que salían de la panza o parte superior del fuselaje y planos respectivamente.

¡Pobre Pepa! Habíamos salido para sacarla a dar un paseo y nos pasamos casi todo el tiempo parados en un lugar estratégico donde recibiamos bien a los aviones y podíamos escuchar el METAR de LEVC cada dos por tres. El frío empezó a notarse un poquito y volvimos a casa.

Organizamos las cosas para el día siguiente. Nos levantaríamos relativamente temprano para ir al aeropuerto de Manises, donde habíamos quedado con los aerotrastornados valencianos. Estuvimos un buen rato de coñas y risas, hasta que el cansancio hizo aparición y me hizo pasar factura cerrándome los ojos tras un largo día de vuelos, reencuentros, emociones, presentaciones y diversión.

El 27 de diciembre del 2008 es otra historia, otro día y, por lo tanto, otra entrada.

80 kts

Stop. Esto es lo que le ha pasado a este blog. Por desgracia, las ganas de escribir llegan los sábados y domingos a altas horas de la madrugada, cuando estás a punto de irte a la cama, cosa que acabas por hacer.

Las actualizaciones llegarán, supongo. Nada más tenga algo interesante que contar lo plasmaré en el blog como vengo haciendo desde hace casi dos meses. Ahora mismo, junto con varios amigos estoy embarcado en otro pequeño proyecto que parece estar teniendo éxito en sus inicios. Dejadme que os comente de qué va.

El nuevo blog se llama "Positive climb, gear up" y su URL es http://www.eightyknots.blogspot.com . La historia de este nuevo espacio es muy sencilla: Hace unos días un amigo mío de Valencia sugirió crear un sitio donde pudieramos escribir los "aerotrastornados". Decidí no esperar y creé PCGU, lo promocioné un poquito en la plataforma "tuenti" y en foroaviones.com buscando gente que quisiera colaborar y ya somos seis personas en el proyecto.

¿De dónde viene el nombre?

"Eighty knots" es una llamada que realiza el piloto que no lleva el mando del avión. La indicación de los ochenta nudos marca la entrada en el régimen de alta velocidad para el despegue, indica que la carrera de la máquina para irse al aire es ya seria. Por esto elegí este nombre.
A algunos de los que escribimos en el blog nos representa, estamos alcanzando una edad en la que nuestras iniciativas se vuelven serias, en las cosas se suceden a un ritmo muy alto y estamos, efectivamente, a punto de irnos al aire. Nuestros ochenta nudos.

Positive climb, gear up; o en castellano, ascenso positivo, tren arriba; es otra de las llamadas. Estas cuatro palabras indican al piloto que el avión vuela, que está empezando a ascender y que ya se puede retraer el tren de aterrizaje. Como "eighty knots", es un simbolismo. Indica nuestro futuro ascenso decidido hacia los cielos, pudiendo "romper" con las raíces que nos mantienen atados a tierra y permitiéndonos adquirir una independencia necesaria para nuestro desarrollo personal y profesional.

Por último, me gustaría añadir que este blog en el que ahora estoy escribiendo, "flying is dreaming", se creó precisamente con el mismo objetivo que este nuevo, solo que en el antiguo he acabado escribiendo sobre otros temas. Falta decir que este espacio no está ni mucho menos muerto, que seguirá actualizándose y posiblemente compartirá algunas entradas con el nuevo.

Con todos vosotros, "Positive climb; gear up".



Once it gets under your skin...

Extraído de PPRuNe



Bealzebub os ha respondido bastente bien. Le recomendaría a todo el que esté aspirando a jugar en este mundo que se lo imprima y que lo tenga a mano para futuras lecturas. Los pros y los contras de volar toda la vida son subjetivos. Todo el mundo tendrá su propia opinión, tan válida como las demás. Estos son mis pensamientos, emitidos desde una perspecticva diferente, la experiencia de haber volado un turbohélice regional durante unos seis meses.

Opino que volar es como una relación amorosa a largo plazo. Existe el factor inicial del "wow", el enamoramiento, seguido de una luna de miel en la que miramos a nuestra pasión con la admiración de un niño pequeño. Esta luna de miel empieza a finalizar a medida que los problemas comienzan a hacer aparición; pero el amor, la razón por la que nos metimos en esto, sigue ahí. Para algunas personas, los contras son sencillamente tantos y tan importantes que terminan dejándolo. Para aquellos que aún así aguanten, la relación se mantendrá posiblemente para siempre.

Me metí en esto de volar porque tenía un trabajo, que aunque me bastaba para pagar las deudas, me aburría mortalmente, además, tenía que viajar tres horas desde y hacia Londres todos los días, lo que era una verdadera cruz. Las ganas de hacer algo nuevo me dirigieron hacia una lección de vuelo de prueba y me enamoré de inmediato. Muy temprano me decidí a hacer carrera en la aviación, la atracción de que te pagasen por hacer tu hobby fue irresistible.

Los problemas estuvieron presentes desde el principio y os serán familiares a los que hayáis hecho el PPL. Cancelaciones por mala meteorología, problemas económicos, frustración, exámenes sin sentido que hay que superar sí o sí... Tras esto vino el estrés del entrenamiento para el vuelo comercial, estando presionado al saber que un simple error puede tener un coste de miles de libras. Tras la exaltación de pasar el IR (Instrumental Rating) viene el darse cuenta de que eres uno más, uno de los muchos CPL con apenas 200 horas de vuelo y te matas por encontrar tu primer trabajo. A algunos les lleva años, otros nunca lo conseguirán.

Incluso cuando tu sueño se haga realidad y hayas conseguido llegar a trabajar en línea, le encontrarás muchas pegas al trabajo. Tu vida la dirige tu programación, y los fines de semana casi no existen. Los eventos y las reuniones familiares se vuelven casi imposibles a no ser que lo planees con meses de antelación. Cinco días de trabajo y dos de descanso suenan genial, hasta que te das cuenta de que tu última jornada termina a las 10 de la noche y el primer día de vuelta entras a trabajar a las seis de la mañana. Llegando al trabajo eres víctima de un sistema de seguridad sin sentido, cerrado. Te vas a encerrar en una cabina con un hacha (nota: En las cabinas se lleva un hacha para usar en caso de accidente, por si alguien se ve atrapado) y se te da el control de un avión que viaja a 850 kilómetros por hora... pero antes de llegar hasta ahí te tienes que quitar los zapatos por si llevas algo escondido, y no dejan portar ni spray desodorante para tu escala en el destino.



Cada seis meses te meten en un simulador y tendrás que afrontar todos los posibles fallos imaginables que te echará el examinador, que estará detrás de ti tomando nota... y muchas veces es cuestión de suerte si es un gran instructor o un tipo con el ego subido. Las consecuencias del cualquier fallo son graves. Si tienes muy mala suerte te citarán a las tres de la mañana, y se espera que estés igual de agudo que en horario normal. Acostúmbrate, porque cada seis meses te juegas toda tu carrera.

La vida en línea es mucho más relajada que esto, pero incluso aquí hay una presión importante ya que sabes que un mal día, un sólo error, podría destrozar tu carrera profesional o matar a gente. Cientos de personas. Volarás en todo tipo de condiciones climáticas adversas, serás entranado y condicionado para volar todo de modo automático y después se esperará que vueles sin automático. Volarás cuatro, cinco, seis sectores diarios con escalas de apenas 25 minutos, pasándolo fatal para encontrar tiempo para comerte un sandwich o para levantarte e ir al baño... y hablando de baños, tu oficina es del tamaño de unos aseos de estos que se ponen debajo de las escaleras para aprovechar el espacio; además estarás encerrado en el con un compañero de trabajo con el que posiblemente no tendrás nada en común excepto el uniforme.

El trabajo es muy sedentario. Estarás sentado horas y horas, comiendo comida de poca calidad y todo esto bajo grandes niveles de estrés. Te resfriarás a menudo... y un intento de volar con un resfriado te podría causar una preforación de tímpano. Puedes tener la mala suerte de inhalar emisiones tóxicas con regularidad... pero no te preocupes. Los técnicos dicen que "no se han encontrado fallas" y la industria aeronáutica niega que esto sea un problema. (Y así con todo)

Son suficientes contras. Me estoy empezando a deprimir.

La pregunta es... si es tan malo, ¿por qué seguimos haciéndolo? Vuelo con un par de comandantes sesentones que no pueden estar necesitando el dinero... ¿por qué se hacen pasar a ellos mismos por todo esto? Para mí, y para ellos, la respuesta la encontramos en el símil de la relación. Estamos enamorados de volar. Estamos perdidamente enamorados. Me encanta el desafío de un trabajo complejo y exigente a nivel técnico que muy pocos pueden hacer. Soy un perfeccionista que nunca hará un vuelo perfecto. Un desafío vitalicio. En su día fui lavaplatos, una jornada de las 9 a las 5 y lo odiaba con todas mis ganas. Ahora nunca más, me apetece levantarme para ir a trabajar. Dios... ¡hasta echo de menos mi trabajo cuando estoy de vacaciones! No existen dos días iguales y las vistas que tengo desde mi oficina son diferentes cada jornada y son realmente espectaculares. A pesar de todos los contras (y mira que hay) no me puedo imaginar haciendo otra cosa. La mayoría de mis compañeros se siente de la misma manera, incluyendo aquellos comandantes que se sacaron la licencia cuando yo todavía estaba en pañales.

Hace poco llegué a casa tras un largo y cansado día de trabajo. Encendí la televisión y vi un documental sobre aviones, me quedé dormido y soñé con más aviones. Una vez se te mete dentro, no hay manera de sacarlo.


Once it gets under your skin, you'll never get it out.



Difícil

Una de esas ocasiones en las que no puedes escribir directamente desde tu pensamiento sino que tus palabras tienen que pasar varias veces por un filtro que le quite la punta a una flecha lanzada con la mejor de las intenciones.

Una de esas ocasiones en las que desearías mirar a los ojos a quien lee tu mensaje.

En este caso escribir es difícil.