Un juego de mesa muy particular...

No es fácil tomar una decisión ante muchos problemas de la vida.

Sin embargo, tengo que reconocer que cuando en tu subconsciente sabes que arriesgas más bien poco, es hasta entretenido enfrentarse a algunos y tratar de elegir entre tantos próximos pasos posibles.

Sólo hay que verlo como un juego. El juego del crecimiento, de la madurez.



Desventaja numérica y táctica, pero para nada estratégica. Se sigue con la partida, aunque a veces la ves tan absurda e infantil que tienes ganas de levantarte de tu puesto, reírte en la cara del contrario y caminar por mil sitios distintos donde quizás encuentres a otra persona que te quiera echar otro ajedrez.

Aunque eso sería lo fácil y lo sabe hacer todo el mundo. Lo interesante es proseguir.

Estoy en jaque, mas me divierto. Al menos he aprendido de esta partida qué es lo que he hecho bien y qué es lo que he hecho mal.

¿Crees que no me he dado cuenta de que introduciste otro rey en el tablero con disimulo?
¿Sabes por qué no te digo nada? Esto hace la partida aún más interesante, te dejo jugar como tú quieras.

Tengo que reconocer que al principio no me gustaba estar enfrentándome a tus negras fichas. También admito que al comienzo poco podía hacer para detener esta masacre de piezas. Pero mira, llegados a este punto, ¡no sabes lo divertidos que me resultan todos tus movimientos!
En estas ocasiones es donde se aprecia la verdadera madurez del estratega... madurez que, sintiéndolo mucho, te confieso que flaquea un poquito ya por el mero hecho de haberme atacado de la forma en la que lo has hecho.

No será la primera vez que un jugador que está a punto de ganar pierde toda la ventaja que tenía y se coloca a sí mismo en un buen jaque. En ese caso sí que me reiría un buen rato; ándate con ojo, que la mente y el corazón te pueden jugar muy malas pasadas en el tablero.

Continúa, por favor, que me estoy divirtiendo.

Por cierto, no se lo digas a nadie, pero al final siempre ganan las blancas.




Siempre.

1 impresiones.:

LOLA | 5 de diciembre de 2008, 22:38

La madurez ni flaquea ni es fuerte. Es algo que se tiene o no se tiene. Es malo tener mucha pero también tener poca. El mejor término es el medio: y no por ello tus actos siempre estarán cargados de madurez. Para mí, la madurez y el crecimiento no son un juego en el que hay que demostrar quién es el mejor de los dos.
Si piensas que siempre ganan las blancas, entonces, ¿Para qué juegas? ¿Qué quieres probar? ¿Qué quieres enseñar?
Te diré un secreto. A veces las negras también ganan. O a veces pierden los dos colores. El destino, y más en el ajedrez, puede ser muy traicionero.