TPC.

Un casco de experiencia y un chaleco de buen jucio te sirven como protección. El parapeto; sacos de arena de indiferencia y el búnker del conocimiento. Esta será mi defensa contra ese enemigo que tú mismo te has creado y que tú mismo mantienes vivo. Esas fichas negras.

Tu lanzamiento está cerca.

- ¡Fuego!

Y tembló el suelo.
Como un pájaro de fuego se alzó tu misil dirección el cielo y objetivo esta persona que escribe. Fue ese cielo al que se dirigía el que se tornó anaranjado cuando el proyectil comenzó a elevarse. Al poco tiempo, aquel destructivo ingenio se volteó hacia sus coordenadas de destino, siendo cuestión de horas su impacto contra mi posición.

Desde la seguridad de mi parapeto, tuve el coraje de ver el acercamiento de tu maligno artefacto hacia mí, asomando mi cabeza entre todos aquellos sacos y construcciones de hormigón erigidas a lo largo de casi dos decenios. En mi subconsciente sabía que poco efecto iba a tener ese cohete.

Explosión. La tierra se movía como si estuviera teniendo lugar un terremoto, se podía sentir el olor a quemado invadiendo la sala que me protegía de la tormenta de fuego del exterior. El aire era caliente. Tras unos segundos de horror, todo cesó. La tierra volvía a ser firme como siempre, el olor a quemado empezó a desvanecerse a medida que pasaban los minutos y la sala comenzó a recuperar su característica frialdad que le otorgaban aquellas grises paredes de cemento.

Ahí continuaba el rey blanco, inmune ante todo ataque. Firme ante la tempestad y la lluvia de metralla. No habían podido con él las piezas contrarias, el rey y la dama negras, las torres que acechaban desde la parte superior derecha del tablero con sus arqueros, dispuestos a enviar flechas cargadas de veneno hacia el noble de márfil desde la lejanía. Tampoco habían podido con él los propios movimientos de las fichas reales enemigas, que en una danza sentimental trataban de hacer rendirse a mi pieza clave.

Hay más partidas que jugar y más partidas siendo ahora jugadas.

En una de ellas todavía no se ha movido ficha. Las dos armadas descansan a sus respectivos lados del tablero; los dos ejércitos color azabache esperan una guerra civil predicha hace tiempo por la inmadurez y el egocentrismo. La misma contienda que no era ni mucho menos sospechada cuando todas las piezas eran nieve tendrá lugar entre las obsidianas y con algo de suerte será tan brutal que empezarás a construir tú un parapeto a la vez que añoras esa armoniosa visión de esos preciosos 32 trebejos plateados que prometían permanecer así mucho tiempo gracias a las habilidades de un rey y la voluntad de una dama.

Será en ese momento, en esa añoranza, cuando caiga sobre la formación oscura toda la fuerza de un viento huracanado, que sin duda alguna tumbará a más de un contendiente que se puede encontrar en estos momentos llevado por la pasión y cegado por un corazón que le hace padecer un daltonismo que confunde luz y sombra cual nieve y piedra umbría.

Será en ese momento cuando un rey plateado, que quizás haya aparcado en un lejano rincón de su memoria esta jugada, sea llamado al recuerdo por una dama herida en busca de un segundo juego de ajedrez o, con más posibilidad, de una lección de estrategia en este arte. Lección que, sin darse cuenta, acaba de recibir mientras aquel salvaje viento la golpeaba en la cara y en el pecho con dureza.

Quizás pasen meses antes de esta guerra, quizás desde el primer disparo la contienda tarde años en ser finalizada; pero tarde o temprano lo hará, provocando una violenta tempestad que, con algo de suerte, te hará recordar una partida en la que antaño jugaste y que tu inmadurez como jugadora de la vida quiso terminar antes de tiempo.

No pongas en duda la inevitable victoria de las piezas blancas. Lo mejor a lo que puedes aspirar es a convertirte en una de ellas para garantizar tu victoria en este juego mas no basta con querer ser ficha alba.

Yo también fui trebejo oscuro hace tiempo. ¿Merece la pena confiarle el secreto a uno umbrío que posiblemente continuará siendo así por mucho tiempo?




El color marfil de mi herramienta real me dirá la respuesta...

...que al final siempre ganan las blancas.

3 impresiones.:

Anónimo | 9 de diciembre de 2008, 0:58

Gran parapeto construido por la traición y el deseo de seguir queriendo a alguien que probablemente nunca re quiso.

Dar amor sin recibir es triste, pero más triste es ver el ridículo que hace quien finge dar. Las blancas siempre ganan, empiezan dando primero y terminan la partida, por que quien sabe jugar coge las blancas, no se anda con rodeos y vanas estrategias para hacer creer a las blancas que están jugando una partida.

Ese misil TPC, lleva en su inferior más que inmadurez, lleva una elevada dosis de desesperación, fantasmas del pasado con sentimientos muy humanos, sensaciones reales.

Huracanes de impotencia, torbellinos de impaciencia y mareas de sarcasmo son inútiles para intentar eliminar un amor que para uno más que para otro paso de puntillas, pero que por desgracia para lis que vengan detrás, pasó, y siempre estará presente.

La inteligencia es lo más importante en el ajedrez, y quien lleva las blancas, lleva la inteligencia.

BBrus | 9 de diciembre de 2008, 17:32

Muy buen comentario, Anónimo.

Por tu manera de expresarte y por tu interpretación del texto creo saber quien eres.

Tengo que confesarte que en tus palabras me veo reflejado y podrían haber sido parte de mi entrada perfectamente.

Si me lo permites, me tomaré la libertad de basar en dos oraciones de tu comentario unas futuras líneas de este blog, ya que dan mucho juego.

Gracias por compartir tu manera de pensar.

Anónimo | 9 de diciembre de 2008, 23:33

Sería un honor para mí que unas de mis frases o pensamientos sobre tus entradas lleguen a conformar una de ellas.


Gracias, la espero con impaciencia BBrus.