Dos.

El caer tan rápido en el sueño era una trampa. El dormirse rápido no signficaba dormirse bien. Y aquel día, esto me fue demostrado como nunca.

En menos de tres horas, ese pensamiento había sido casi el único. Recuerdo especialmente este último, este último sueño o más bien pesadilla del cual contaré una parte suprimiendo nombres.

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Me acerqué corriendo al coche donde estaban mis padres y mi hermano. Me paré y mirando hacia el Renault Clio plateado, y a pesar de no ver a nadie centro, dije:

- Papá, ¿está con ustedes? ¿los han visto? (ustedes)

- No, no está. Se han ido... los dos.

- ¿Dónde están, Papá?

- No lo sé

- ¿DONDE ESTÁ ÉL? (nombre suprimido)

- No lo sé Bruno

- ¡¿¡¿DONDE COÑO ESTÁ ÉL JODER?!?!? (nombre suprimido)

- Se han ido, por ahí, al Castillo.

Y señaló hacia una larguísima carretera que parecía extenderse hacia la nada. Una autopista desértica. Infinita, con curvas y desniveles. Una modernísima circunvalación sin vida, sin tráfico. Solo el asfalto, los guardaraíles, las farolas apagadas alzándose sobre el alquitrán.

Me puse a correr. No había nada delante. Corrí, corrí, corrí. Corrí hasta la mismísima extenuación.

Pasado mucho tiempo, llegué a una especie de centro comercial. Estaba lleno de gente conflictiva, había motos pequeñas dirigiéndose hacia un lugar desconocido por la autopista, a cuya izquierda estaba ahora este edificio. Estas personas que me encontré me miraban mal. Creo que era mi forma de vestir la que les hacía mirarme así de mal. Chaqueta de cuero, camisa larga marrón oscura, vaqueros negros y zapatos marrones, los de vestir.
(Curiosamente, iba con las mismas prendas que en una foto que había mirado a lo largo de la noche anterior a tener esta pesadilla. Los que me tengáis en tuenti, miradla. Aprezco frente a un espejo sacándome una foto, no se ve mi cara, sólo la ropa y el cuerpo)

Esta gente me mira intentando intimidarme. Lo único que hago es devolverle la mirada, sin miedo alguno en mí. Pasan. Les paso de largo.

Llego a una zona de recreo infantil, túneles, toboganes, pelotas de goma. Los niños estaban correteando por ahí y jugando hasta que hago aparición. Se paran, me miran. Hablan entre ellos y se ríen con los ojos de nuevo fijados en mí.

Salgo de esta zona infantil y veo que uno de estos niños me sigue. No tendrá más de tres años. Intento despistarle pero ahí está él, siguiéndome y mirándome alzando la vista hasta apuntar directamente a los ojos de alguien que mide 1,85. No recuerdo sus facciones, sólo recuerdo lo que hacía... me miraba tan directamente...

Entré en una tienda seguido por el pequeño. Escruto la tienda deportiva, que parecía extenderse varias decenas de metros en profundidad. Miro hacia el chico a ver si... ¿a dónde te has ido?

- ¿Dónde estás? - Dije enmedio del silencio.

- ¡¿¡¿Dónde estás?!?! - Grité esta vez.

No hubo respuesta. El niño no aparecía. Como en una dimensión paralela, apareció su madre. No me veía a mí, pero como yo, ella le buscaba. Tampoco la recuerdo demasiado bien, sólo consigo recordar que hablaba italiano.

Lo que sí que hubo fue despertar. Un abrir los ojos suavemente, con la preocupación invadiendo todo tu cuerpo, todo, todo. Íntegramente. Han pasado menos de tres horas desde que intenté descansar.

Estoy cansado, pero no tengo sueño. Si pudiera cambiar tantas cosas... si al menos pudiera decirlas... ¿Solucionaría esto algo? Creo que demasiado no. Ahora lo único que podría solucionar las cosas es un verdadero milagro que pueda causar le comprensión de mi pensamiento, su entendimiento, el compartir este punto de vista.

Maldita sea... encima tiene que sonar esta canción.

"Someone like you makes it all worth while,
Someone like you keeps me satisfied.
Someone exactly like you... Someone exactly like you..."



(Someone like you - Blank & Jones, os la recomiendo.)

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