iNtuitive.

ENTP - Extraversion, iNtuition, Thinking, Perceiving. Y aquellos días, esa intuición no falló.

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Estaba todavía enmedio del, ahora resquebrajado, puente caminando llevado por sus convicciones, por su corazón. Desconozco si fue por acercarme un poco más o porque algo pasó (me inclino más hacia esto último) pero me di cuenta de que más que una luz, estaba persiguiendo a una bombilla vieja de un par de watios y además de alto consumo.

- ¿Qué es esto? Creo que voy a tener que hacer una visita a la sala blanca antes de tiempo. Lástima. - Dije en voz alta, expresando mi deseo de acudir a La Estancia.

Por arte de magia, aparecí en aquella habitación blanquecina. Aquella de las paredes fusionadas con el suelo, la de la luminosidad misteriosa, la de la mesa en el centro.

Me senté en la silla que había usado tiempo atrás. Estaba un tanto sucio por el trayecto a través del puente. Mi camisa blanca era ahora de un color grisáceo y había agujeros en la espalda por esas pequeñas explosiones magmáticas que me habían caído en la espalda mientras caminaba. En mi cara se podía apreciar una expresión neutra. Ni feliz ni triste, nada. Más bien pensativa.

A los pocos minutos, apareció ella.
Tan bella como siempre, con su traje sacado de la fantasía, con dos esmeraldas como ojos y finos hilos de oro como cabello. Caminando con una elegante parsimonia, apoyó sus manos sobre mi espalda durante diez segundos, tras lo cual se dirigió hacia su habitual puesto para acomodarse, como yo había hecho antes.

Este día, sería yo quien iba a empezar la conversación, el aprendizaje.

- Sabía que iba a volver, pero no me esperaba hacerlo tan pronto.

- Tampoco lo sabía yo. Esperaba otro tipo de charla, alguna de la que pudiéramos sacar más cosas positivas y no solo tratar de remediar conclusiones erróneas que puedas estar sacando. Sabes tan bien como yo que tienes que evitar hacer generalizaciones, no todas las luces son, como has dicho "bombillas viejas". - Afirmó ella, inclinándose sobre la mesa y mirándome a los ojos.

- ¿Sabes una de las cosas que me ha fastidiado? Mi propio cambio. Antaño te confieso, y tú lo sabes mejor que nadie en este mundo, que no podía vivir sin sospechar. Siempre había motivos ocultos, había "conspiraciones" o como las quieras llamar. A raíz de nuestra primera visita esta actitud cambió. Me hiciste ver que las cosas no siempre eran así y que no había que ser tan desconfiado en estos asuntos. - Hice una pausa.

- Continúa, por favor. - Me pidió

- Como te decía, cambié de actitud. Aprendí a confiar en la otra persona casi ciegamente. Hasta hace poco trataba de hacerme ver que todas las "teorías de la conspiración" que se me pudieran ocurrir eran únicamente fruto de un cambio de actitud en mí y no de una realidad, me hacía ver que yo transformaba a la realidad. Esta vez, parece ser que tampoco tenía razón. Esta vez, esta teoría, más propia de novelas de Tom Clancy que de la Vida misma, se había vuelto realidad. Como mínimo, compartían la forma final y había una coherencia asombrosa entre todos los capítulos de la teoría.

- Entiendo lo que quieres decir. Ahora me toca intervenir a mí. Temo que puedas, erróneamente, empezar a hacer generalizaciones, a cambiar tu actitud en base a estos acontecimientos, en empezar a mirar única y exclusívamente tu propio bien, dejándo a los demás a un lado...

- Esto último nunca lo haré. Me considero equilibrado en este aspecto, sé sacrificarme por los demás y sé en qué casos tienes que sacrificar tú a otras personas para evitar un mal. Eso sí, siempre considero el punto de vista del otro, tengo en mente que esta otra persona es alguien con sentimientos, con un corazón. Más me vale asumir que así es, aunque sea incorrectamente, en lugar de pensar que todos somos fríos como una piedra y después hacer daño a la otra persona.

- ¿Y qué me dices de las generalizaciones Bruno? - Me preguntó, tras reflexionar en silencio unos segundos sobre mis anteriores palabras

- Las generalizaciones... pues no las haré. Sé lo que me quieres decir. La existencia de una bombilla defectuosa no quiere decir que sólo haya bombillas de este tipo. Hay luces halógenas, potentes y a la vez de bajo consumo (duraderas). Sólo hay que encontrarla, que no buscarla, y tener una actitud qu...

- Una actitud que, en esta ocasión, siempre has tenido. Si algo tienes que sacar de esto, es que tu actitud siempre ha sido la adecuada. Has sido tú mismo, nunca has faltado a la verdad, al sentimiento ni has hecho daño, créeme. La única vez que se pudo haber dañado, la supiste ratificar a tiempo gracias a tus sentimientos, que te decían que algo no estabas haciendo bien. - Me interrumpió Ella, aliviándome muchísimo con sus palabras.

- Es cierto... no creo que haya obrado mal en ningún momento y por esto tengo la consciencia muy tranquila. Soy perfectamente consicente de la cantidad de luces brillantísimas que me he encontrado a lo largo de la vida. Las bombillas defectuosas acaban olvidándose, son personas que no merecen ser recordadas por su manera de pensar, su actitud o su talante. Sin embargo... las brillantes... grandes amigos en la distancia, familiares, gente que te comprende y que te apoya. Esos nunca se olvidan, alguna vez rondarán tus pensamientos dentro de 30 años y no podrás hacer menos que esbozar una sonrisa. - Dije esta vez, convencidísimo de mis palabras, apoyando los codos sobre la mesa y mi barbilla sobre las manos, de la misma manera que hice cuando medité antes de comenzar mi marcha a través del puente.


- ¿Significa esto que la bombilla defectuosa hay que desecharla?

- No. Esto significa que hay que intentar que brille de nuevo, a pesar de que tú ya hayas abandonado su persecucción. Idealismo, ganas de hacer el bien. Te cuento casi a modo de anécdota, que una de esas otras luces brillantes de verdad, un gran amigo también lo pasó muy mal en su persecucción. No me lo ha confesado, pero supongo que en algún momento estuvo en una situación parecida, vió que su luz apenas brillaba y que quizás no mereciera la pena continuar...

- Sé de quien hablas. Lo que ignoro es si tienes que tomar la misma actitud, eso ya depende de lo que te diga tu consciencia. - Pidió la mujer, haciéndome ratificar mi manera de pensar. Ya sabía que lo que había que seguir era la consciencia.

- A ver si le puedes hacer una visita algún día de estos. Necesita cambiar su manera de pensar, lo vea la luz así o no. Recuerda que te lo digo ya estando casi seguro del abandono del camino... por rotura del puente por la otra parte.

- A lo mejor eres tú quien tiene que hacerle la visita. Estoy seguro de que lo harás genial. Como mínimo, habrás hecho lo que consideras correcto, justo y mejor para ambos, no sólo pensando en tu propio bien. Ese es el error, lo injusto, el egocentrismo fácil.

- Pensaré en ello. - Dije en voz baja, dirigiendo la vista hacia la mesa de color nieve

- ¿Qué vas a hacer ahora?

- Preparar la visita. Espero que me prestes esta habitación...

- Te la presto, el tiempo que haga falta Bruno.

- Muchas gracias. Ahora toca volver al puente y a obrar según tu consciencia. Quizás logre darle algo de voltaje a aquello que perseguía.... y cuando haga esto, me tiraré al fuego con la certeza de estar haciendo lo correcto.

- Bien. Hasta la próxima, Bruno. - La mujer se despidió, levantándose de su puesto.

- Hasta luego, Vida. No te preocupes, actuaré acorde a mis valores, no dejándome caer en el egocentrismo. - le dije mientras la miraba, levantándome como hizo ella.



Y en este momento, igual que había llegado a la habitación, salí de ella. Por arte de magia. Estaba en el puente de nuevo, solo que ahora el paisaje era más infernal si cabía. El puente estaba destrozado, había más piedras.

La luz... casi no había luz. Sólo un tímido brillo amarillento parpadeaba en la lejanía, como una lámpara a punto de fundirse. Metí la mano en mi bolsillo. Donde estaba el cuarzo rosa ahora sólo había cenizas. La piedra de mayo ya no me empujaba. Ahora era mi sentido de la justicia, del bien y mis convicciones.

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