iNtuitive.

ENTP - Extraversion, iNtuition, Thinking, Perceiving. Y aquellos días, esa intuición no falló.

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Estaba todavía enmedio del, ahora resquebrajado, puente caminando llevado por sus convicciones, por su corazón. Desconozco si fue por acercarme un poco más o porque algo pasó (me inclino más hacia esto último) pero me di cuenta de que más que una luz, estaba persiguiendo a una bombilla vieja de un par de watios y además de alto consumo.

- ¿Qué es esto? Creo que voy a tener que hacer una visita a la sala blanca antes de tiempo. Lástima. - Dije en voz alta, expresando mi deseo de acudir a La Estancia.

Por arte de magia, aparecí en aquella habitación blanquecina. Aquella de las paredes fusionadas con el suelo, la de la luminosidad misteriosa, la de la mesa en el centro.

Me senté en la silla que había usado tiempo atrás. Estaba un tanto sucio por el trayecto a través del puente. Mi camisa blanca era ahora de un color grisáceo y había agujeros en la espalda por esas pequeñas explosiones magmáticas que me habían caído en la espalda mientras caminaba. En mi cara se podía apreciar una expresión neutra. Ni feliz ni triste, nada. Más bien pensativa.

A los pocos minutos, apareció ella.
Tan bella como siempre, con su traje sacado de la fantasía, con dos esmeraldas como ojos y finos hilos de oro como cabello. Caminando con una elegante parsimonia, apoyó sus manos sobre mi espalda durante diez segundos, tras lo cual se dirigió hacia su habitual puesto para acomodarse, como yo había hecho antes.

Este día, sería yo quien iba a empezar la conversación, el aprendizaje.

- Sabía que iba a volver, pero no me esperaba hacerlo tan pronto.

- Tampoco lo sabía yo. Esperaba otro tipo de charla, alguna de la que pudiéramos sacar más cosas positivas y no solo tratar de remediar conclusiones erróneas que puedas estar sacando. Sabes tan bien como yo que tienes que evitar hacer generalizaciones, no todas las luces son, como has dicho "bombillas viejas". - Afirmó ella, inclinándose sobre la mesa y mirándome a los ojos.

- ¿Sabes una de las cosas que me ha fastidiado? Mi propio cambio. Antaño te confieso, y tú lo sabes mejor que nadie en este mundo, que no podía vivir sin sospechar. Siempre había motivos ocultos, había "conspiraciones" o como las quieras llamar. A raíz de nuestra primera visita esta actitud cambió. Me hiciste ver que las cosas no siempre eran así y que no había que ser tan desconfiado en estos asuntos. - Hice una pausa.

- Continúa, por favor. - Me pidió

- Como te decía, cambié de actitud. Aprendí a confiar en la otra persona casi ciegamente. Hasta hace poco trataba de hacerme ver que todas las "teorías de la conspiración" que se me pudieran ocurrir eran únicamente fruto de un cambio de actitud en mí y no de una realidad, me hacía ver que yo transformaba a la realidad. Esta vez, parece ser que tampoco tenía razón. Esta vez, esta teoría, más propia de novelas de Tom Clancy que de la Vida misma, se había vuelto realidad. Como mínimo, compartían la forma final y había una coherencia asombrosa entre todos los capítulos de la teoría.

- Entiendo lo que quieres decir. Ahora me toca intervenir a mí. Temo que puedas, erróneamente, empezar a hacer generalizaciones, a cambiar tu actitud en base a estos acontecimientos, en empezar a mirar única y exclusívamente tu propio bien, dejándo a los demás a un lado...

- Esto último nunca lo haré. Me considero equilibrado en este aspecto, sé sacrificarme por los demás y sé en qué casos tienes que sacrificar tú a otras personas para evitar un mal. Eso sí, siempre considero el punto de vista del otro, tengo en mente que esta otra persona es alguien con sentimientos, con un corazón. Más me vale asumir que así es, aunque sea incorrectamente, en lugar de pensar que todos somos fríos como una piedra y después hacer daño a la otra persona.

- ¿Y qué me dices de las generalizaciones Bruno? - Me preguntó, tras reflexionar en silencio unos segundos sobre mis anteriores palabras

- Las generalizaciones... pues no las haré. Sé lo que me quieres decir. La existencia de una bombilla defectuosa no quiere decir que sólo haya bombillas de este tipo. Hay luces halógenas, potentes y a la vez de bajo consumo (duraderas). Sólo hay que encontrarla, que no buscarla, y tener una actitud qu...

- Una actitud que, en esta ocasión, siempre has tenido. Si algo tienes que sacar de esto, es que tu actitud siempre ha sido la adecuada. Has sido tú mismo, nunca has faltado a la verdad, al sentimiento ni has hecho daño, créeme. La única vez que se pudo haber dañado, la supiste ratificar a tiempo gracias a tus sentimientos, que te decían que algo no estabas haciendo bien. - Me interrumpió Ella, aliviándome muchísimo con sus palabras.

- Es cierto... no creo que haya obrado mal en ningún momento y por esto tengo la consciencia muy tranquila. Soy perfectamente consicente de la cantidad de luces brillantísimas que me he encontrado a lo largo de la vida. Las bombillas defectuosas acaban olvidándose, son personas que no merecen ser recordadas por su manera de pensar, su actitud o su talante. Sin embargo... las brillantes... grandes amigos en la distancia, familiares, gente que te comprende y que te apoya. Esos nunca se olvidan, alguna vez rondarán tus pensamientos dentro de 30 años y no podrás hacer menos que esbozar una sonrisa. - Dije esta vez, convencidísimo de mis palabras, apoyando los codos sobre la mesa y mi barbilla sobre las manos, de la misma manera que hice cuando medité antes de comenzar mi marcha a través del puente.


- ¿Significa esto que la bombilla defectuosa hay que desecharla?

- No. Esto significa que hay que intentar que brille de nuevo, a pesar de que tú ya hayas abandonado su persecucción. Idealismo, ganas de hacer el bien. Te cuento casi a modo de anécdota, que una de esas otras luces brillantes de verdad, un gran amigo también lo pasó muy mal en su persecucción. No me lo ha confesado, pero supongo que en algún momento estuvo en una situación parecida, vió que su luz apenas brillaba y que quizás no mereciera la pena continuar...

- Sé de quien hablas. Lo que ignoro es si tienes que tomar la misma actitud, eso ya depende de lo que te diga tu consciencia. - Pidió la mujer, haciéndome ratificar mi manera de pensar. Ya sabía que lo que había que seguir era la consciencia.

- A ver si le puedes hacer una visita algún día de estos. Necesita cambiar su manera de pensar, lo vea la luz así o no. Recuerda que te lo digo ya estando casi seguro del abandono del camino... por rotura del puente por la otra parte.

- A lo mejor eres tú quien tiene que hacerle la visita. Estoy seguro de que lo harás genial. Como mínimo, habrás hecho lo que consideras correcto, justo y mejor para ambos, no sólo pensando en tu propio bien. Ese es el error, lo injusto, el egocentrismo fácil.

- Pensaré en ello. - Dije en voz baja, dirigiendo la vista hacia la mesa de color nieve

- ¿Qué vas a hacer ahora?

- Preparar la visita. Espero que me prestes esta habitación...

- Te la presto, el tiempo que haga falta Bruno.

- Muchas gracias. Ahora toca volver al puente y a obrar según tu consciencia. Quizás logre darle algo de voltaje a aquello que perseguía.... y cuando haga esto, me tiraré al fuego con la certeza de estar haciendo lo correcto.

- Bien. Hasta la próxima, Bruno. - La mujer se despidió, levantándose de su puesto.

- Hasta luego, Vida. No te preocupes, actuaré acorde a mis valores, no dejándome caer en el egocentrismo. - le dije mientras la miraba, levantándome como hizo ella.



Y en este momento, igual que había llegado a la habitación, salí de ella. Por arte de magia. Estaba en el puente de nuevo, solo que ahora el paisaje era más infernal si cabía. El puente estaba destrozado, había más piedras.

La luz... casi no había luz. Sólo un tímido brillo amarillento parpadeaba en la lejanía, como una lámpara a punto de fundirse. Metí la mano en mi bolsillo. Donde estaba el cuarzo rosa ahora sólo había cenizas. La piedra de mayo ya no me empujaba. Ahora era mi sentido de la justicia, del bien y mis convicciones.

Nada es verdad ni es mentira


Cuando lo que parece fuego es hielo, cuando la lágrima es una sonrisa, cuando la realidad es ficción, cuando el diamante es grafito, cuando lo blanco es negro.

Nada es verdad ni es mentira, todo depende del cristal con que se mira.





Hasta que te quitas las gafas.



El Bien puede resistir las derrotas, el mal no. - Rabindranath Tagore

Buongiorno.

Nickelback - Never Gonna Be Alone Lyrics

(selecciónala en el iPod!)



Your never gonna be alone!
From this moment on, if you ever feel like letting go,
I won't let you fall.
When all hope is gone, I know that you can carry on.
We're gonna see the world out,
I'll hold you 'til the hurt is gone.


Hoy este resfriado no está perdonando. Tengo la nariz taponada y mi laringe ya no existe. Hay ahora mismo 25ºC en mi habitación y estoy temblando del frío.

Buongiorno.

Cuatro de la mañana

Y nada más terminar la entrada anterior a esta que estáis leyendo ahora mismo he pensado... ¿y este blog no nació para comentar la historia de un sueño, la historia de cómo un chico lograba a ser piloto de línea aérea?

Sí. Pero ahora se ha descubierto un placer que creía ya desaparecido... ese que te hacía escribir cuatro folios de historietas para entregar al "profe" cuando él o ella había pedido una pequeña redacción. La que te hace pasar tu tiempo libre creando en tu cabeza películas o cuentos con la banda sonora de la música que inunda tu habitación. Esa sensación que te hace empezar a teclear sin parar todo lo que piensas, parando sólo porque, de continuar, te va a costar hasta a ti leer todo lo que has tratado de transmitir.

Cómo me gusta escribir...

Suena Viva La Vida, de Coldplay, ¡Viva!




Buenas noches. Mañana más.

Openness.

Openness to Experience describes a dimension of personality that distinguishes imaginative, creative people from down-to-earth, conventional people.

O en la lengua de Cervantes, apertura mental. La apertura mental a la experiencia describe el aspecto de la personalidad que distingue a las personas imaginativas y creativas de la gente convencional, práctica y que tiene los pies en la tierra (y que no los despega demasiado).

En la red encontramos tests de todo tipo... ¿Eres un buen padre? ¿Cuál es tu vocación? ¿Eres un radical? ¿Eres Emo? ¿De qué color es tu aura? ¿Te quiere o no te quiere? Pero este... con 100 sencillas preguntas te indica con gran precisión, al menos en mi caso, tu personalidad atendiendo a cinco variables, cortesía del psicólogo Carl Gustav Jung. El test que he hecho lo podemos encontrar en Facebook, aunque en http://www.mypersonality.info/ se pueden encontrar test casi idénticos.

A modo de curiosidad, mi tipo de personalidad "Jungiana" me indica que las profesiones más adecuadas a mi perfil incluyen algunas como actor, escritor, relaciones públicas, periodista, político, emprendedor o ingeniero.

Si sigo comentado el tema de la personalidad, me voy a ir (más todavía) por los cerros de Úbeda. A pesar de todo, es algo que mirar muy detenidamente. Es muy interesante indagar en estos temas e incluso podriamos decir que es importante, sobre todo si estamos hablando de adolescentes con algunas dudas en cuanto a futuros estudios se refiere. (Tengo la esperanza de que esto que estoy escribiendo sea leído por una chica que no me hizo demasiado caso esta tarde cuando le recomendé que hiciera el test y que por fin se decida a completarlo)

A lo que iba. Quien escribe estas líneas, el señor ENTP (si habéis visitado el link que os he dado sabréis lo que digo) según Jung, y con un toque de ENFP según él mismo, tiene una valoración de 95% en "apertura mental". Cuanto menos, es asombroso encontrarte entre el 4% de la población de estudio que tiene mayor "openness".

Echándole un breve vistazo a la definición de este concepto destaca el que esto se contrapone a la gente "realista" y "práctica". Asusta un poco a primera vista. ¿Soy un idealista puro? ¿No soy práctico? (lo que curiosamente va en contra de los ENTP, englobados dentro del grupo de los NP que se define como "intelectuales", los introspectivos, lógicos, con ansias de aprender, fríos en su acercamiento a los conflictos y... prácticos.)

Apertura mental. Lo veo como la capacidad o la importancia que tiene para ti la imaginación. El poder tumbarte en el sofá o en la cama y en menos de un segundo empezar a meditar sobre mil cosas. La virtud de pasar los ratos de espera en la estación, en el médico o en el coche inventándote historias de cualquier tipo en tu cabeza; poder imaginarte haciendo cualquier cosa y ser el protagonista de un pequeño relato improvisado. El ponerte a escribir cosas como esta a las cuatro menos veinte de la noche (eran las tres de la madrugada cuando empecé a idear esta entrada) enfrente del ordenador; sabiendo que estas líneas las van a leer apenas media docena de personas, ya que los otros seis habrán abandonado su lectura tras hacer click en el enlace a la página de la personalidad. Un par de amigos, dos curiosos y algún que otro internauta que, a estas horas de la madrugada, vagaba por la red y se encontró con este gran montón de letras que, ahora que lo pienso, son preciosas... al menos más que mi caligrafía.

¿Quién se habrá puesto a diseñar esta fuente?

Son preguntas como estas las que distinguen a una persona con la mente abierta de una "convencional". Soy realista, soy idealista, vuelo en mi imaginación, tengo los pies en la tierra, soy creativo, soy práctico.

Precioso este "openness", quizás la fuente de mi locura. Locura que te hace creer, imaginar mil cuentos, historias, aventuras y volar un ratito en un mundo aparte.... hasta que crees que te estás extendiendo demasiado y pulsas "publicar entrada".

Estas líneas no se corrigen, no son prosa, no son literatura. Son imaginaciones, pensamientos, de mi cabeza al blog, sin filtros, sin revisiones y sin censura.

Gracias Sr. Blog y a todos los valientes que han llegado hasta la última línea.




Pausa.

(Selecciona en el iPod "DJ Tiësto - Breathing". Disfruta de la música durante la entrada y del vídeo tras leerla)

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Paro.

Sientes que alguien te ha pedido que lo hagas durante un tiempo. Ahora es el momento de reflexionar sobre algunos temas. Dejo al margen el camino, la piedra y a mí mismo.

Y ahí sigue ese haz luminoso en la lejanía. ¿Qué es? ¿Quién es? ¿Por qué la sigues? ¿Es por ti mismo, por la luz o por ambos? Quizás ni el destello lo sepa... Las razones las gritarás una milésima de segundo antes de caer al fuego o la susurrarás al oido si se te da la oportunidad de hacerlo.

Dichosa luz... estás aquí al lado y a la vez tan lejos. ¿Por qué no puedes dejar de mirarla? ¡¿Pero qué estoy haciendo?! Es más... ¿cuál es la razón que me ha hecho pensar sobre todas estas cosas?
Esa voz... ese "pausa".

Pausa. Y así lo he hecho.

Reflexiono. Lo hago tras cada paso que doy.

¿Estaría caminando a traves de este delicado puente suspendido sobre las llamas si no tuviera la real certeza de estar haciendo lo que mi mente, corazón, conviciones, moral consideran que es lo adecuado? No quiero capturar la luz, no quiero encerrar la luz. Sólo hacer que brille como nunca lo ha hecho.

Desde que sea una realidad que el haz conmigo se oscurecerá en vez de hacerse más claro... Izquierda. Cuarzo agarrado en mi puño. Salto.


Detrás de las paredes...

.



La luz dió paso entonces a la oscuridad. Había abandonado ese pequeño refugio de paz del que provenía y donde sólo existía la claridad. Ahora me encontraba aquí.

Todo me resultaba familiar. El aspecto volcánico del paisaje, ese camino lleno de piedras que se extendía hacia el infinito, un viaducto suspendido por una fuerza mágica sobre un mar de lava. Lava que a veces tímidamente soltaba unas burbujas que manchaban el camino como cuando te salpica el aceite ardiendo al echarle agua. Otras veces, desataba su gran furia, bañando la senda con su fuego. ¡Pobre de quien estuviera allí en ese preciso instante!

Recordé las palabras de la mujer de ojos color esperanza justo antes de que desapareciera de mi lado.

- Camina con precaución. Sé ágil superando las rocas del trayecto. No dejes que cuando la lava chispee sobre ti te haga perder el equilibrio o caer, refúgiate por un tiempo si lo consideras necesario. Sin embargo, si es una ola de fuego la que te encuentras muy seguramente no puedas hacer nada. Mantente firme y afronta tu caida hacia la piedra fundida lo mejor que puedas. Cuando estés recuperado, volveremos a hablar. Si dudas, dirige tu mirada hacia el final de la senda. Te ayudará a tomar una decisión sobre qué hacer. Suerte. Hasta pronto.

Me puse en cunclillas, y moví mis manos hacia la barbilla, haciéndola descansar sobre ellas con actitud meditante. Miré hacia la lejanía. Apenas se distinguía un brillor plateado, cuya luz hasta hace no mucho me alumbraba de lleno.



Pasadas unas horas me puse en pie. Era hora de emprender la marcha.
Saqué de un bolsillo de mi camisa la séptima piedra. Aquella roca de cuarzo rosa, el mineral símbolo de tauro y de mayo, que me habían regalado hace años y que nunca se había roto ni fundido por ningún golpe o fuego intenso. Tan sólo mirarla durante una fracción de segundo me dió la fuerza necesaria para dar el primer paso.


Como me había dicho ya Ella, tenía que avanzar con precaución. Ni demasiado rápido, lo que te haría tropezarte con muchas piedras hasta que te cayeras al vació; ni demasiado despacio, lo que aumentaría las posibilidades de que la lava te golpease y de que aquella luz comenzara a extinguirse para siempre.

Si algo salía mal, siempre podía decidir tirarme hacia el fuego, perder de vista ese brillo plateado, confiar en que el cuarzo no se fundiese y adelantar mi visita a la sala de claridad misteriosa.

Pisé fuertemente el suelo dos veces. Sí, tenía los pies sobre la tierra. Sí, tenía el guijarro apretado en mi puño.

- Adelante.

Bastaba que uno de los dos lados de la pasarela se rompiese para caer. Él lo sabía.

La habitación blanca.

Una mesa color nieve metálico se situaba en el centro de la habitación. A sus lados, dos pequeñas sillas, situadas una enfrente de la otra. La intensa luz que invadía la estancia provenía de las esquinas superiores de las paredes blancas, a pesar de que no se pudiera distinguir ninguna lámpara o ventana desde la que pudiese hacer aparición tanta claridad. Daba la impresión de que los pálidos lados de aquel refugio se fusionaban con el piso, dándole a la sala un carácter místico, casi divino.



Como por arte de magia, de una de las paredes de la habitación comenzó a surgir una luz tan intensa que iluminaba, si cabe, más aún la sala. Dos siluetas se podían distinguir entre el haz, dos siluetas humanas que se acercaban hasta ese portal aparecido de la nada, haciéndose cada vez más evidentes sus rasgos.

La primera en entrar en la sala fue ella, una mujer alta de cabellos color trigo que llegaban hasta la hasta la cintura y ojos verdes que hechizaban cual Sharbat Gula. Vestía un largo traje blanquecino que recordaba irremediablemente a la Galadriel de Tolkien. Caminaba hacia la mesa con armonía, decisión y seriedad en su rostro.

Dos metros por detrás y ligeramente desplazado a la derecha de quien lo precedía estaba él, de facciones y vestimenta sujetas a la imaginación de quien lo visualice, con la cabeza un poco inclinada hacia abajo y los ojos apuntando al fondo opuesto de la habitación, a un horizonte que no existía allá; actitud que junto con la alternancia entre suspiros y párpados que permanecían cerrados más lo que fuera normal sugería una infinita preocupación.
Descalzo, andaba hacia el mismo lugar que ella, sin rezagarse ni acortar distancias.



Se situaron cada uno a un lado del escritorio, en pie, mirándose a los ojos.
La mujer esbozó una pequeña sonrisa con aire de complicidad y a modo de saludo.
La respuesta: el mismo gesto, esta vez más tímido, a la vez que el chico cerraba los ojos y asentía casi imperceptiblemente.

Sin dejar de mirarle a los ojos, ella tomó aire.

- Por favor. - Le indicó al chico, señalando con la mano abierta la silla del lado opuesto.

Ambos tomaron asiento.

- Ha pasado bastante tiempo desde nuestra última vista. Durante todo este periodo te he estado observando con detenimiento, podría estar horas contándote lo que he analizado a lo largo de todos estos años.

- Lo sé, supuse que tras todo lo que hablamos antaño lo harías. - Prosiguió el chico, queriendo transmitir con su cara su gratitud.

- ¿Has actuado así sólo porque sabías que estaría atenta a lo que hacías?

- No, por supuesto que no. Hubo un momento en el que pensé sobre todo lo que me habías dicho, a pesar de que en un principio no pareciera haberte hecho caso y mucho menos actuase acuerdo a tus recomendaciones.

- Me alegro de que así haya sido. Sabes que no hemos terminado, que esta será otra de las muchas reuniones que tendremos a lo largo de la vida. Lo sabes, ¿verdad?

- También lo sé, espero que te equivoques y apenas sean dos las que vayamos a tener. - Prosiguió el chico, mirando ahora hacia la superficie perfectamente pulimentada que tenía delante.

- Te entiendo. Veo que sigues manteniendo esa actitud de "mejor que no me pase nada" aún a costa de no crecer como persona...

- No es esa actitud, aunque se parece. Entiende que te veo casi exclusivamente tras haber empezado a sufrir... y no es que me aperezca mucho el estar sufriendo...

- No retomemos este tema. Hemos hablado sobre esto largo y tendido, y por suerte te he hecho ser consciente de que...

- De que siempre hay que sacar algo bueno de todo. De todo se pueden sacar lecciones que te sirvan para el futuro. - Interrumpió él, alzando de nuevo la mirada.

- Exacto. Un día te oí hablar con un gran amigo tuyo, recuerdo perfectamente que le dijiste que el ser humano era el único animal que tropezaba dos veces con la misma piedra, pero que cuando se tropezaba de verdad, se caía y se hacía daño aprendía mucho si así se lo proponía,teniendo cada vez menos posibilidades de tropezarse a la vez siguiente que se encontrara esa piedra en el camino. ¿Lo recuerdas?

- Lo recuerdo...

- Me alegra mucho ver que este sea tu caso. Te has tropezado muchas veces, pero hacerte daño de verdad en la caída solo una. Ahora has sabido poner el pie tras el tropiezo.

- Puede que estas últimas veces lo haya hecho, pero nunca se sabe si algún día no veré la piedra o no... quién sabe... - El chico suspiró, y la miró brevemente a los ojos, antes de bajar la mirada de nuevo.

- Para eso estamos hoy aquí. Para que en esta caída sepas poner el pie en vez de caerte y hacerte menos daño que la última vez si acabas cayendo. En el futuro esto que estamos hablando ahora te servirá para elegir qué caminos coger y cómo caminar para evitar tropiezos innecesarios.

- Comencemos entonces...

- Empezamos nada más te decidiste aceptar mi invitación para que hablásemos. - La mujer sonrió - Esta vez no te has resistido tanto como la pasada.

- Es cierto... el mero hecho de estar aquí ya ha implicado un aprendizaje, y el haber aceptado el venir posiblemente haya sido una demostración de madurez que no tenía la última vez. - Esta vez el chico mantuvo la mirada fija sobre los ojos verdes que tenía enfrente. Rostro serio.

- Así es. Ya sabes lo que hay ahora mismo. Lo sabemos igual de bien. Te encuentras en una situación parecida a la de antaño, sólo que ahora tienes un bagaje que te ayudará muchísimo en esta ocasión. He venido para que aprendas más todavía, para que elijas los que quieres hacer en este momento aunque ello signifique sufrir.

- Continúa.

- La decisión que tomes hoy será revocable. La podrás abandonar cuando quieras; si no aguantas más y no quieres seguir soportando esa situación, te retractas. Tomas el otro camino y volvemos a hablar... si quieres...

- Entendido... - El chico asintió repetidas veces apretando los labios.

- Entrando ya en materia... - La mujer sacó de la nada un pequeño saquito. Tenía piedras de diferentes colores, texturas y formas. Las dispuso con cuidado en la mesa. Dos filas y tres columnas.

- ¿Qu... Qué son? - Balbuceó el chico, contemplando atónito lo que había hecho ella

- Son elecciones. La última vez no creo que tuvieras la mentalidad necesaria para tomar una. Ahora sí. Hay seis. Coje las que quieras, una, dos, todas o ninguna. Puedes hacer lo que desees con ellas. Usa una ahora y guárdate las demás para después; cógelas todas y usa todas las que sean compatibles... es tu elección. Sólo tuya.

En el rostro del chico se vislumbraba más preocupación que nunca.

- Elecciones. Estoy indeciso.

- Sí, elecciones. Piénsatelo el tiempo que quieras, mas ten en cuenta que lo que tardes en decidirte es restado al tiempo que tienes para llevar a cabo tu decisión.

- Hay tiempo.

Se palpaba intranquilidad en el ambiente. Frío. Silencio absoluto.
Un suspiro. Se miraron a los ojos de nuevo.





Silencio.





El chico tomó aire.

- Sabes, Vida... hay cosas que no se eligen. No se "coge" una decisión. La tomas tú, no te la dan. Estas son las elecciones que te hacen crecer, nadie te tiene que decir "haz esto" o "haz lo otro". Recibe consejos, mira las piedras, piensa. Medita.
Después, deja las rocas en su sitio. Levántate y con la cabeza alta y seguridad en ti mismo, marcha.

- ¿Significa esto que dejarás estos seis elementos aquí, Bruno?

- Sí. Aquí se quedarán.

- ¿Qué vas a hacer?

- Nada de lo que me pueda arrepentir en el futuro. Ser uno mismo. - Dije con una decisión tremenda.

- Me alegra oír eso, no pensaba que lo haría tan pronto. - La mujer no pudo evitar sonreír, sin mostrar euforia pero sí una gran alegría que salía de esos preciosos ojos verdes.

- La decisión está tomada. Volveremos a hablar pronto. - Afirmé, casi preguntando.

- Por supuesto que lo haremos.

Sonreí con los ojos llorosos, transmitiendo con ellos palabras de agradecimiento, complicidad y una extraña mezcla de alegría, tristeza y coraje.

- Bruno, ahora ve.

El chico y la mujer se levantaron a la vez. Avanzaron juntos hacia la luz desde donde habían llegado. En esa ocasión nadie iba adelantado.
Igual que aparecieron, se marcharon... la luz se fue atenuando.

Las piedras habían desaparecido. La mesa y las sillas no estaban. Lo único que quedaba en la estancia era esa luminosidad misteriosa proveniente de las albinas paredes.

Luces fuera.



Volverían pronto a aquella sala.


Más de dos meses después...

Más de dos meses después retomo con esta entrada el blog.

Dos meses de desmotivación absoluta y desánimo en lo que concierne a mi vida de estudiante. No voy a entrar en cómo me gustaría que fuese mi bachillerato, mi centro o la dinámica de la clase, no voy a entrar en valoraciones sobre si estudio mucho o poco (más bien no estudio nada), tampoco voy a entrar a discutir cómo debería cambiar mi actitud para afrontar este tediosísimo curso que es segundo de bachillerato, que si bien no me resulta difícil, es tan tedioso que se vuelve insoportable, te desmoraliza y cuando llegas a tu casa lo que más te apetece es soltar el maletín cargado de libros y deshinibirte del mundo por 8 horas, hasta que tengas que acostarte de nuevo y levantarte (o más bien despertarte) a las 6:30 de la mañana como tratas de hacer todos los días...

Lo que sí voy a valorar un poquito es mi personalidad. Necesito un pequeño empujón para empezar a hacer cualquier cosa que no me motive especialmente; un desastre teniendo en cuenta en qué situación me encuentro.
Considero que la motivación es la clave. Si hay motivación hay actividad, trabajo, esfuerzo, sacrificio... si no la hay, en mi caso, lo único que se va a encontrar es desgana y pereza.

¿Cómo no vas a estar motivado? Me dicen... Pues no. La motivación tiene que ser mínimamente directa, o al menos que sea consecuencia de un cambio de aires, no de estar estudiando a la fuerza, porque sí.
Parecerá estúpido y de hecho lo es. Hoy he sentido un pequeño "boost" en mi ánimo tras asistir a una breve charla sobre la Universidad Europea de Madrid, universidad que, dada la actual situación económica de mi famiia queda un poquito fuera de mi alcance... quizás en unos meses la cosa esté mejor :)

Y aquí estoy, 0003Z, día 21 de Noviembre del 2008.
Quedan 35 días para irme a Valencia y para ver a dos de las personas que más quiero en este mundo. Un pequeño sueño y, con algo de suerte, otro "boost" para seguir adelante, para aguantar esos horribles 7 meses que me esperan asistiendo a clases forzosamente.

Irónicamente, el día que asista a una universidad, instituto o escuela a formarme 'motu proprio' no habrá nada que celebrar. Estaré estudiando por gusto durante toda la tarde.