¿Cómo será ese día?

Son las 20:47 de la noche y empiezo a escribir esta entrada. Estoy, entre comillas, disfrutando de los últimos momentos de vacaciones.

Mañana, a las seis de la mañana sonará el dichoso despertador después de casi tres meses calladito. A levantarse al alba, ducharse, desayunar, acariciar a la gatita y salir pitando hacia la parada del autobús (eso que aquí llamamos guagua). Calculo cuando me suba serán las siete y poco de la mañana, unos ciencuenta o ciencuenta y cinco minutos hasta que empiecen las clases (08:00).

¡Qué lata! Como ya he dicho en alguna ocasión, suerte que este será el último año. Último de nuevo entre comillas (más comillas), ya que ni el año que viene creo que vaya a ir a ninguna escuela de vuelo ni creo que me vaya a levantar todos los días a las 10 de la mañana. De ilusiones que vive, así que "suerte que este será el último".

Ahora me pregunto, ¿cómo será el día en el que en vez de levantarte forzado te levantes porque quieres y porque vas a volar?
¿Y el día en el que te levantes porque tienes que ir a trabajar a tu maravillosa oficina de 1,5 metros cúbicos, llena de pantallitas, interruptores y cuatro ventanas del tamaño de un DIN A3?

Tras levantarme para ir al dichoso (pero necesario) instituto, trato de imaginarme cómo será ese día. Esperemos que lo pueda contar en unos años...

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